Las alergias respiratorias se han triplicado en España: actualmente entre el 15 y el 20 por ciento de la población presenta problemas alérgicos en algún momento de su vida
Teniendo en cuenta que las personas pasamos el 90% de nuestro tiempo en espacios interiores, las buenas condiciones del ambiente interior de los edificios son fundamentales en la prevención de alergias y asmas. En el interior del hogar y de los lugares de trabajo, las condiciones ambientales también varían con el cambio de estación y con la sequedad del ambiente.
Aunque existe la tentación de "airear" los alérgenos de la casa, si se abren las ventanas pueden entrar alérgenos exteriores como polen y esporas de moho. Se aconseja usar, en cambio, el aire acondicionado para limpiar, recircular y deshumedecer el aire en la casa. Sin embargo, el uso de equipos de climatización sin un sistema de filtros de aire adecuado, colocan a las personas susceptibles de enfermedades respiratorias en situación de riesgo.
Existen filtros de aire para sistemas de refrigeración o ventilación de alta eficiencia (los electrostáticos y los HEPA), que son muy convenientes para casas donde vive una o más personas alérgicas. Algunos equipos ya poseen filtros antialérgico y presentan sistemas de autolimpieza que contribuyen a la calidad del aire.
También hay aparatos filtrantes de diferentes capacidades para espacios cerrados. Aunque son altamente recomendables para personas alérgicas al polvo, ácaros y esporas de hongos en el hogar, no lo son tanto para personas alérgicas a pólenes. Es fundamental la limpieza de los filtros, de lo contrario pueden producir ozono irritante, y el mantenimiento regular del equipo.
Especial atención a los conductos
{mosimage}En el caso de que los sistemas de aire acondicionado utilicen una red de conductos para distribuir el aire tratado, lo que permite una difusión del aire homogénea y adecuada a las características de la instalación, hay que tener en cuenta los factores que pueden perjudicar la calidad del aire interior que son de dos tipos: materiales (condiciones higrométricas y aislantes) y no materiales (suciedad).
La influencia de los conductos en las condiciones higrométricas del aire vendrá dada por las pérdidas energéticas que se puedan producir en su transporte por los mismos. Estas pérdidas dependen del aislamiento proporcionado por los conductos y de las filtraciones que puedan existir en la red. Las pérdidas energéticas suponen una desviación del aire tratado de las características de proyecto y un mayor consumo de energía de la instalación.
Otra característica a cuenta debe ser la total ausencia de condensaciones en la red de conductos, ya que su presencia en el interior de los mismos (por lo general no en perfectas condiciones de limpieza) podría dar lugar a un caldo de cultivo para bacterias u hongos que podrían tomar esta suciedad como sustrato.
Un tercer aspecto no material en el que los conductos pueden jugar un papel fundamental es la atenuación acústica del ruido proveniente de la máquina de aire acondicionado. Entendiendo el ruido como un sonido no deseado, es evidente que conseguir atenuar el ruido proveniente de la máquina redundará en una mayor calidad del ambiente interior.
Dentro de las variaciones materiales englobamos la suciedad de origen exterior al conducto que acaba depositándose en el interior del mismo.
El origen de esta suciedad que finalmente ha terminado depositado en el interior del conducto puede ser muy variado. Entre las causas, podemos encontrar desde la suciedad producida en el montaje de la instalación (recogiendo polvo, tierra o restos de otros materiales de construcción), hasta los depósitos de suciedad debidos a una toma de aire exterior contaminada unido a un incorrecto filtrado de este aire exterior. No obstante, también debido al uso diario del edificio, puede acumularse suciedad en el interior del conducto. En este sentido el propio sudor de las personas que habitan en el local acondicionado, el humo del tabaco o de las cocinas, e incluso todas las fibras que se desprenden de moquetas, alfombras o cortinas, pueden terminar depositándose en los conductos de aire acondicionado, ensuciando el conducto, y pudiendo llegar a deteriorar la calidad del aire interior.
Cabe recalcar, para contrastarlo con los argumento otras veces más alarmistas, que según un estudio de la empresa Health Building International sobre un total de 11 millones de metros cuadrados de conductos, solo un 10% de las quejas relacionadas con una incorrecta calidad del aire interior tienen su origen en la contaminación en el interior de los conductos.
Legislación sobre Calidad del Ambiente Interior
REAL DECRETO 1751/1998, de 31 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios y sus Instrucciones Técnicas Complementarias ITE y se crea la Comisión Asesora para las Instalaciones Térmicas de los Edificios.
REAL DECRETO 486/1997, de 14 de abril, por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo.
LEY DE PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES LEY 31/1995, de 8 de noviembre de prevención de riesgos laborales. BOE nº 269, de 10 de noviembre.
UNE 100030IN Guía para la prevención y control de la proliferación y diseminación de legionela en instalaciones.
UNE 100012 Higienización de sistemas de climatización.
UNE 10713 Instalaciones de acondicionamiento de aire en hospitales.



















