La aportación de la eficiencia energética a los objetivos del clima

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El proyecto de Unión Energética que Europa aprobó en febrero de 2015 reconoció la eficiencia energética como una fuente de energía que debía competir en igualdad de condiciones con el resto. Considera el ahorro de energía como el principal instrumento para reducir el consumo de gas y petróleo y las emisiones de CO2. La rehabilitación de la edificación existente con criterios de consumo casi nulo y la electrificación del transporte son las actuaciones que han de marcar un cambio en el uso de la energía.
 
En el marco estratégico de la Unión Energética, la eficiencia energética es la mejor protección para los consumidores al poder participar en la gestión de la demanda. Los Ayuntamientos se constituyen como los primeros actores del progreso de la eficiencia energética por el excelente resultado de las inversiones en términos de actividad económica y creación de empleo.
 
El primer paso se ha dado con la presentación por la Comisión Europea de un conjunto de medidas que vuelven a dar el protagonismo a la eficiencia energética, a las buenas prácticas de autoconsumo y a los consumidores en la transición energética de Europa. Los consumidores han de tener libertad para generar y consumir su propia energía en condiciones no discriminatorias para ahorrar energía, proteger el medio ambiente y garantizar la seguridad de suministro.
 
El llamado “paquete de verano” propone descarbonizar la economía europea apostando por la generación distribuida con autoconsumo, almacenamiento descentralizado, contadores inteligentes, seguridad jurídica y la participación del consumidor en los mercados energéticos. De esta manera, Europa se propone recuperar el liderazgo mundial en renovables perdido en los últimos años.
 
La prioridad que se da a la eficiencia energética en la estrategia energética europea contrasta con un parco objetivo no obligatorio del 27% para 2030, la promesa de que no se sancionará a los gobiernos que lo incumplan y una declaración expresa de libertad a los estados miembros para decidir el mix energético que más les interese. Esta renacionalización de las metas fijadas para 2030 constituye la principal barrera para que los objetivos climáticos se alcancen en el conjunto de la UE.
 
En la resolución del Parlamento Europeo sobre el marco de las políticas de clima y energía para 2030, de febrero de 2014, se afirmaba que los objetivos de eficiencia energética son claves para alcanzar el resto. Con un objetivo del 40% de eficiencia energética se puede llegar hasta un 50% de reducción de emisiones de CO2 para 2030, un porcentaje del 35% de renovables y la creación de 3 millones de empleos, aplicando en su integridad las directivas de edificios y de eficiencia energética.
 
España ha incrementado sus emisiones de CO2 un 30% desde 1990 y con las políticas actuales aumentarán hasta un 80% en 2030. El único escenario en el que se puede contemplar una reducción de emisiones es con un objetivo mínimo del 30% de eficiencia energética a través de la edificación de consumo casi nulo, la electrificación del transporte y el desarrollo de la generación distribuida que triplique la potencia renovable actual.
 
El potencial de eficiencia energética en un modelo energético centralizado es muy superior a los objetivos planteados, tanto en Europa como en España. Además, la eficiencia energética es la política más creíble de la Unión Energética, al contar con grandes recursos en los presupuestos de la UE para el periodo 2014-2020.
 
La consecuencia directa de la mayor eficiencia energética es la reducción de los costes energéticos para los hogares y las empresas y la mejora de la competitividad por la innovación tecnológica que incorpora en todos los procesos de producción. El rápido crecimiento de la generación distribuida en todo el mundo se debe al mayor margen de reducción de costes de las renovables y el almacenamiento frente a la pérdida de riqueza que supone la dependencia energética.
 
A partir de ahora son los impactos del clima los que van a determinar la restructuración de las ciudades y del transporte convirtiendo cada centro de consumo en un centro de generación mediante la rehabilitación energética, el edificio de consumo casi nulo y el vehículo eléctrico. Se trata de cambiar el patrón de crecimiento sobre nuevas bases:
 
  • Reconocer el efecto de arrastre de la eficiencia energética sobre los objetivos de CO2 y de renovables frente al cambio climático. Sin mayores compromisos en eficiencia energética no se alcanzarán los objetivos de energía y clima de 2020 y 2030.
  • Afrontar los impactos del cambio climático no debe hacerse a cualquier coste. Hoy disponemos de tecnologías viables y eficaces ante los mayores costes asociados a los combustibles fósiles. La eficiencia energética es inherente al desarrollo de la generación descentralizada. La rehabilitación de edificios y la electrificación del transporte son imprescindibles en una economía descarbonizada.
  • Cumplir los objetivos de clima y energía en 2030 exige una decisión vinculante sobre el cumplimiento íntegro de las directivas europeas de eficiencia energética, el diseño de una fiscalidad europea como señal de precio que incentive el ahorro de energía, una mayor coordinación entre las políticas energéticas de los gobiernos y una mayor preocupación por la reducción del consumo de gas y petróleo.
 
El aumento de las emisiones de CO2 es una amenaza directamente relacionada con el modelo energético centralizado de los combustibles fósiles. La eficiencia energética coloca al consumidor en el centro del sistema para que sea él quien decida cómo utilizar la energía. Es el principal cambio de un modelo energético descentralizado. Cualquier compromiso de reducción de CO2 va a depender de que la eficiencia energética sea el primer objetivo de la política energética.
 
 
Artículo de opinión de Javier García Breva
 
Modificado por última vez enJueves, 26 Noviembre 2015 10:20
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