Sostenibilidad; reflexiones en torno a su aplicación en el ámbito de la construcción

Sostenibilidad construccion sostenibleSi bien el concepto sostenibilidad está sujeto a interpretación, existen una serie de aspectos que contribuyen a contar con idea aproximada de qué comporta edificar teniendo como base esta idea. El portal digital Calor y Frío ha conversado con dos colectivos profesionales, el de la arquitectura y el de la ingeniería, para aproximarse a una definición lo más ajustada posible. En el caso del primero de los colectivos citados, el interlocutor ha sido la Agrupación de Arquitectura y Sostenibilidad (AuS) del Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC), mientras que en el segundo caso se ha abordado el tema con José Antonio Galdón Ruiz, presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España (COGITI).

El concepto de sostenibilidad es muy amplio y, por tanto, los colectivos profesionales vinculados a ella intentan, como explican desde AuS “aportar nuestro grano de arena en pro de la formación, implicación y divulgación de la arquitectura sostenible, así como temas relacionados”.

Oficialmente, según el último informe de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo titulado “Nuestro futuro común”, estamos ante un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” y, desde el prisma de COGITI, ese concepto de desarrollo que “incorpora los valores medioambientales, económicos y sociales” es un “objetivo a conseguir” y es sobre esa base que se asientan “los principios del ejercicio profesional de nuestros colegiados. No podemos olvidar que los ingenieros en sí, hemos de ser protagonistas activos del desarrollo tecnológico y, por tanto, debemos tener muy presentes la sostenibilidad”.

Al parecer del COAC existen muchos grados de sostenibilidad y, bajo esa perspectiva, “estarían vinculados al grado de consciencia y coherencia de las personas: desde tener en casa electrodomésticos con certificación A++, que ya se consideran sostenibles, hasta ser una persona responsable en relación a todas las acciones que se llevan a cabo a diario con el objeto de reducir la huella ecológica y, por tanto, los recursos que se hayan tenido que emplear para poder gozar o hacer lo que haces, tanto en materia de construcción como de consumo energético, consumo de materiales, desplazamientos, alimentación,…y un largo etcétera”. Y, añaden, “como esto no se lleva a cabo de un día para otro es un camino de largo recorrido y sin marcha atrás”.

Evaluar conceptos y parámetros

El hecho de haber obtenido determinadas certificaciones vinculadas a la sostenibilidad, en opinión de José Antonio Galdón Ruiz, “implica, sin duda, un compromiso con la sostenibilidad y, por ende, un beneficio asociado a dicha edificación”. Y, en esa misma línea, AuS cree que “automáticamente seguramente no, pero con una certificación “verde” se tienen en cuenta y se evalúan muchos conceptos y parámetros de la edificación”. No obstante, puntualiza el representante de la entidad vinculada al colectivo de ingenieros, “el simple hecho de tener dichas certificaciones no implica que dicha edificación en sí misma sea sostenible, porque para ello hay que tener en cuenta el uso que se hace de la misma, y ahí entran en juego los factores humanos y su concienciación”.

De modo que, advierte el COAC, “se ha de tener en cuenta que existe mucha picaresca y no siempre lo que se cualifica de sostenible lo es”. Se han de conocer los sellos o certificaciones y es preciso saber exactamente qué significan. Así, explican, “algunos de ellos sí que son garantía de sostenibilidad, pero no todos evalúan lo mismo”. Y, siendo así – admiten – también es posible practicar “la arquitectura sostenible con o sin certificación asociada”.

Las certificaciones en origen surgen para saber qué nivel de sostenibilidad se aplica a la edificación en proceso de construcción y durante su uso, y para regular de alguna manera los gastos energéticos con criterios y nacen, en la mayoría de casos, de entidades privadas, especialmente en países de climas extremos y con gran gasto energético, con criterios y visión de futuro sostenible.

De hecho, en algunos países estas certificaciones ya forman parte del marketing inmobiliario e, incluso, en la regulación estatal. Actualmente, como expone AuS, en “nuestro país existe la necesidad de cambiar muchas prácticas “no sostenibles” y una forma de pararse a evaluar sería mediante estas herramientas”.

La arquitectura tradicional de cada zona geográfica ha aplicado criterios bioclimáticos. En base al clima y a las necesidades que implica se utilizan una serie de recursos en favor de la persona, pero también de manera eficiente, que han pasado de generación en generación y que son perfectamente “sostenibles” sin que sea preciso ningún sello ni evaluación certificada. La cuestión, reflexiona el equipo del COAC, es que “hoy día ha cambiado el concepto de confort en las viviendas y, paralelamente, los entornos de las ciudades se han vuelto más agresivos y contaminantes, y la industrialización de materiales ha perdido mucha de su tradición. También las dependencias de grandes monopolios energéticos han bloqueado la autoproducción de energías y la creación de recursos que hoy día se están intentando recuperar”.

Un rumbo distinto para cada país de la UE

Aunque el concepto de sostenibilidad no varía en función de en qué país de la Unión Europea (UE) se está llevando a cabo el proyecto de trabajo, sí que varían las exigencias del demandante y las legislaciones correspondientes, que pueden considerar una edificación más o menos sostenible según cada nación.

Cada país marca su rumbo en el ámbito de la sostenibilidad, en función tanto de su situación actual como del compromiso adquirido, que viene a ser un reflejo de aspectos culturales y económicos de cada uno. Existen diferencias muy sustanciales entre unos países y otros, por lo que, como plantea COGITI, “para llegar a los objetivos comunes marcados, los esfuerzos y actuaciones que se tendrán que llevar a cabo serán también muy diferentes. No obstante, sí que entiendo que el concepto de sostenibilidad ha de ser similar en todos los países y, por tanto, nuestras actuaciones como ingenieros deben ir siempre enfocadas a conseguirla, sin importarnos el sitio donde estemos”.

A nivel europeo, señala AuS, se está trabajando para unificar criterios de sostenibilidad “con una nueva herramienta, Levels, que, bajo nuestro punto de vista, reúne criterios muy genéricos, sin demasiada profundidad para la necesidad del momento actual, con unas necesidades reales que son urgentes, pero que implican lentitud administrativa”.

Según GBCe: “Level(s) es un nuevo marco de evaluación para mejorar la sostenibilidad y conducir la demanda hacia mejores edificios en Europa. Proporciona un enfoque común a la Unión Europea para la evaluación de la sostenibilidad del entorno construido. Los informes publicados recogen unos indicadores comunes basados en ACV, análisis de ciclo de vida de los edificios. Los informes los elaboran y publican la Comisión Europea con la colaboración de diversos agentes del sector. Se pueden consultar los dos informes publicados y otros en la página de Medio Ambiente de la Comisión Europea.

No obstante, tal y como apunta COGITI, “España se encuentra en la zona media de la tabla en cuanto a las actuaciones llevadas a cabo en materia de sostenibilidad, en relación a los países de la UE, y en ello ha pesado mucho la política energética, si es que se puede llamar así, que se ha seguido”. Existe una excesiva dependencia de los productos petrolíferos que “en su día, además, se vio incrementada con la introducción del consumo de gas, lo que ha hecho que nuestro modelo de consumo energético actual siga siendo incompatible con la sostenibilidad, y por tanto es el foco donde hay que actuar. Además de mejorar la eficiencia energética, es imprescindible que la energía que consumamos provenga de fuentes renovables y no contaminantes, por lo que tendremos que modificar nuestros hábitos de consumo, para lo que será imprescindible el diseño de una transición energética muy meditada y asumible en el tiempo, que nos permita conseguir los objetivos sin originar sobresaltos y compatible con el desarrollo económico y social”. 

Gestión y uso de una vivienda sostenible

El ciudadano conoce en más o menos medida el significado de la palabra sostenibilidad ligada a la vivienda, pero únicamente será consciente de lo que supone en la práctica si, como señalan los profesionales del AuS, “quiere serlo y amplia el concepto a sus tareas cotidianas vinculadas a la compra, los gastos (incluso los energéticos) y los residuos que genera a nivel personal. Creemos que a nivel de comunidad, barrio y ciudad el ciudadano consciente se diluye”.

Y, en este sentido, COGITI considera que la forma en la que se ha implantado la certificación de viviendas en España “ha sido una oportunidad perdida para concienciar a los ciudadanos de la importancia de la eficiencia energética de las edificaciones. Si se hubiesen hecho bien las cosas, hoy en día se apreciaría un valor en las viviendas en función de su certificación energética, y la realidad es que no es así. No en vano, y yo en eso soy un absoluto convencido, cuando las personas creen en algo tratan de conseguirlo, y cuando se les obliga y además se permite que todo se transforme en un papel que cuanto menos cueste mejor, pues el valor que se le da es nulo”.

Tal y como razonan los representantes del sector de la arquitectura, en muchas ocasiones el ciudadano cree que “comprando una vivienda sostenible ya es suficiente, y eso no es cierto”. La gestión y el uso de esa vivienda son “determinantes para que esa vivienda se comporte realmente de forma sostenible. En realidad, no es la vivienda, sino que son las personas que la utilizan las que son más o menos sostenibles según sus hábitos de consumo y de uso cotidiano de los equipamientos y de la propia vivienda. Así pues, la vivienda puede tener muy buenas prestaciones y ser muy sostenible, pero si se utiliza mal se comportará como una vivienda convencional”.

De todos modos, ambas entidades insisten en que es preciso seguir insistiendo en la divulgación de los innumerables beneficios que aporta una edificación eficiente, que contempla desde el ahorro económico y el confort habitacional, hasta la contribución a la sostenibilidad, que es algo que “sin el compromiso de todos, difícilmente se puede llegar a completar”. Y para ello, es fundamental potenciar la cohesión y tejer redes susceptibles de poder ayudar, apoyar y dar a conocer todas las buenas prácticas en sostenibilidad y salud del planeta destinadas al bienestar de ciudades, casas, territorios y, en consecuencia, personas.

Imagen de portada: proyecto del estudio de arquitectura ® amomicasa ; fotografía: © Gael del Río y Luca Bani 
 

 
Modificado por última vez enJueves, 21 Marzo 2019 08:34
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