El soplador volcánico, sostenibilidad y eficiencia energética

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La Casa Verde, un espacio de experimentación para tecnologías enfocadas hacia la sostenibilidad, la autosuficiencia y la eficiencia en materia energética, así como para la integración de la edificación en el paisaje, cuenta con una cueva volcánica que está dotada de un soplador que, de forma natural, expulsa al exterior aire templado en invierno y fresco en verano, siguiendo las premisas de la geotermia y obteniendo, en consecuencia, una temperatura estable durante todo el año. 
Desde un buen principio, Jordi López Querol, su ideólogo, apostó por “ir dejando preparada cada una de las estructuras e instalaciones de que se compone el edificio para que, a lo largo de los años y conforme vaya avanzando la tecnología, ésta pueda ir siendo integrada sin necesidad de efectuar grandes y costosos cambios, evitando que el proyecto quede desfasado”.
 
La estética de esta edificación - perfectamente encajada en el entorno - juega con diversidad de formas, materiales y matices cromáticos con el fin de intentar difuminar el edificio en su hábitat hasta convertirlo, como apunta Jordi López, “en parte de la propia naturaleza, tratando de provocar determinadas sensaciones que, sin duda, han de influir en la calidad de vida de sus usuarios”. Tal y como reflexiona Jordi Ferrer, el geólogo que sigue de cerca el proyecto, “la ubicación es muy adecuada, puesto que se aprovecha la propia pendiente solar para medio enterrar la edificación y así poder utilizar los recursos naturales al máximo. Como guinda, el subsuelo es propenso a la existencia de fuentes de aire y, cómo no, han sabido integrarlas y, de ese modo, mejorar aun más si cabe la edificación”. 
 
El objetivo final es que el edificio se exprese por sí solo, contribuyendo desde una vertiente didáctica y lúdica - que su creador considera esencial - al fomento del aprendizaje por parte de los profesionales del sector, así como del fenómeno en sí por parte del propio ciudadano, de modo que el resultado final sea una transición hacia un modelo energético – y también de vida – más coherente con el respeto a las personas y, por extensión, a la naturaleza. 
 

Sobre una cueva volcánica natural

 
El propietario de La Casa Verde se muestra partidario de “recuperar las prácticas energéticamente eficientes locales, cultivadas a lo largo de generaciones, para integrarlas convenientemente adaptadas al presente actual”. La cuestión, al fin y al cabo, es que toda la energía que precise La Casa Verde sea generada por recursos propios y que, cuando ello no sea posible, esa energía provenga de las propias renovables, en ningún caso de fósiles o uranio. 
 
Cuando este inquieto empresario estuvo preparado para llevar a cabo su proyecto, La Casa Verde, buscó un emplazamiento donde ubicarla en el área geográfica donde ha vivido siempre: La Garrotxa (Girona). Se trata de una zona volcánica y frondosa donde – gracias a su estética – este proyecto ha podido ser perfectamente integrado. El terreno sobre el que se ha erigido este edificio cuenta con una cueva volcánica que está dotada de un soplador. Los sopladores volcánicos, explica el experto en geología, “son fenómenos físicos de concepto simple, y muy sorprendentes y espectaculares. En realidad no dejan de ser fuentes de aire. Su funcionamiento es idéntico al del agua, pero en lugar de líquido se trata de gas. Y, como tal, ocupa el volumen máximo que puede. El movimiento en el subsuelo se produce del lugar donde hay mayor presión al que hay menos, en función de la temperatura y del volumen. Por tanto – señala - en verano pueden funcionar aportando aire fresco a la estancia y en invierno aire más cálido. En realidad la temperatura es constante, pero el hecho de estar en estación cálida o fría favorece que nuestra sensación térmica sea de frío o calor”. Y, claro está, “este fenómeno de soplar o succionar ocurre durante el año coincidiendo con los cambios de estación pero también a lo largo del día, a medida que la temperatura va variando” y, en este sentido, concluye, “sus posibilidades de uso son múltiples”. 
 

Un bien escaso 

 
Este experto reflexiona sobre la capacidad de este sistema para refrigerar y calentar una estancia, ya que puede mantenerla a la misma temperatura del subsuelo - de aproximadamente entre 12ºC y 15ºC -, y también sobre el uso de la corriente para poder instalar una pequeña dinamo eólica y encender una bombilla, jugando con la corriente de aire como si se tratara de una corriente de agua e incide en que, de hecho, “la imaginación es la mejor herramienta para su utilización”. 
 
En general, los sopladores naturales no son una solución vinculada a la eficiencia energética, ya que - debido a su escasez - no van a poder constituir una medida de climatización demasiado extendida. Se trata de una posibilidad más para la consecución de la eficiencia energética y forma parte de conjunto de sistemas libres destinados a conseguir el confort en la línea de los ancestrales “conductos hacia las estancias de conservación y almacenamiento de alimentos con conexión exterior, que se colocaban lo más extensos posible, con el fin de disponer de temperatura constante, o los pozos tipo provenzal y los pozos canadienses, que son verdaderos intercambiadores térmicos aire-suelo,…De hecho, actualmente se utiliza esta constante de temperatura y la disipación del subsuelo para poder realizar intercambiadores junto con las bombas geotérmicas”.  
 
 
 
Modificado por última vez enMartes, 05 Mayo 2015 11:25
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