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Vivienda en tiempos de confinamiento ¿Nos cuida nuestra casa?

Vivienda y COVID-19¿Nos cuidan nuestras viviendas? ¿Qué podemos hacer para que nuestras viviendas nos hagan sentir mejor? Se reactivan las reformas en casa en la desescalada porque hay una nueva realidad que nos hace mucho más conscientes de cómo la vivienda tiene que responder a nuevas necesidades. Esta y otras muchas cuestiones se abordaron en la tertulia La Casa que cuida en tiempos de COVID-19 una iniciativa dentro del proyecto Casa Laboratorio promovido por la Generalitat Valenciana. Nuria Matarredona, Directora General de Innovación Ecológica en la Construcción de la Generalitat Valenciana fue la persona encarga de plantear las diferentes cuestiones del debate.

¿Nuestras viviendas nos cuidan?

La respuesta mayoritaria teniendo en cuenta la experiencia del confinamiento es que no. Si la vivienda cuida a sus usuarios es en un porcentaje, porque depende de quien la habite y de cómo se adapte dicha vivienda a la fase vital de sus habitantes. Y esta conclusión se puede analizar desde diferentes perspectivas.

Desde el punto de vista psicológico existen evidencias de que el espacio construido influye en nuestro estado de ánimo. Es lo que se conoce como neuroarquitectura, una ciencia que estudia cómo el entorno influye en nuestro comportamiento. La presencia o no de vegetación, los colores y las texturas de las superficies de nuestra casa, el sonido, las dimensiones y formas de las habitaciones, la mayor o menor iluminación o las vistas al exterior son condicionantes que influyen en nuestro estado emocional y hay que tenerlos en cuenta para evaluar si nuestra vivienda nos cuida y sobre todo nos proporciona sensación de seguridad, precisamente en época de confinamiento.

La capacidad de adaptación de la vivienda a nuestras vidas y a nuestras circunstancias, así como a las personas con diversidad funcional es otro factor a mejorar que el confinamiento ha puesto de manifiesto. El sentimiento de arraigo y de integración es una necesidad vital del ser humano. Y esta circunstancia está íntimamente ligada a nuestra vivienda que nos acompaña por regla general durante toda nuestra vida. Pero las necesidades vitales cambian por diferentes motivos  más allá del paso del tiempo. Una casa que nos cuida debe de proporcionar un entorno amigable que facilite la vida de todas las personas. Incluidas las personas con dificultad física, visual, auditiva, intelectual o psíquica, que requieren de necesidades especiales.

¿Cómo podemos hacer para que nuestras viviendas nos hagan sentir mejor?

En general se ha constatado que mejorar nuestra vivienda no está en nuestra lista de prioridades. No existe esa cultura en comparación con otros países con climas más fríos por ejemplo, en los que se pasa más tiempo en casa. No invertimos en nuestro hogar para que nos guste más y nos haga sentir más felices. Sin embargo, aumentar el grado de satisfacción de nuestra vivienda puede empezar por pequeños gestos a lo largo del tiempo. Incluso podemos hacer estos cambios nosotros mismos. Porque mejorar nuestra vivienda revierte en nuestra salud y en nuestro bienestar emocional.

La reforma como necesidad urgente para que todas las viviendas sean adecuadas

A esta circunstancia se une además que la mayoría de nuestras viviendas no han sido diseñadas y construidas para ser resilientes. Hecho que hace pensar en la urgente necesidad de llevar a cabo reformas para su adaptación. Para empezar se deben de garantizar las necesidades básicas. Disponer de un adecuado aislamiento térmico y del ruido, de vistas al exterior, de una correcta ventilación, de una vivienda accesible e incluso considerar el requisito básico de disponer de un segundo baño, para posibilitar el aislamiento en caso de contagio, fueron algunas de las propuestas. Pero no todos los sectores de la población tienen la capacidad financiera para abordar este tipo de intervenciones. Para ello es necesario disponer de políticas de vivienda que se centren en la inclusión para que todas las viviendas sean adecuadas. Se trata de fomentar la reforma como instrumento para mejorar la habitabilidad y por lo tanto la salud.

La domótica y la automatización en el hogar para una arquitectura sin contacto

Durante el debate y en otro orden de prioridades también se habló de domótica y automatización en el hogar. De la arquitectura sin contacto para reducir el riesgo por la propagación del virus. Del uso de sensores y de tecnologías de forma integrada en nuestras casas y en nuestra rutina diaria. Por ejemplo el hecho de que el usuario se pueda lavar y secar las manos sin tener que tocar un grifo, un dispensador de jabón o una toalla,  o abrir una puerta sin accionar manualmente ningún mecanismo. Otro ejemplo de tecnología sin contacto para la domotización de la vivienda sería el uso de aplicaciones móviles para el control de la iluminación, la temperatura o la seguridad entre otros factores. Todas ellas herramientas que permiten modificar nuestro entorno o el acceso a datos sin contacto externo, a través de dispositivos de uso privado que permiten el control inteligente en el hogar.

Materiales que facilitan la limpieza y superficies antibacterianas

En un escenario de pandemia y por lo tanto de mayor preocupación por el riesgo de contagio, también cobra importancia el uso de materiales constructivos que faciliten la limpieza y de superficies antibacterianas. Una exigencia básica en la arquitectura de la salud, como son los espacios sanitarios, pero cuya aplicación se puede trasladar al uso residencial. Se trata de utilizar materiales que aseguren el bienestar y la seguridad de los usuarios. De favorecer entornos saludables especialmente útiles para personas con enfermedades o especialmente sensibles. Y la estrategia pasa por el uso de materiales capaces de combatir la aparición de bacterias patógenas que causan enfermedades infecciosas, que inhiben su  fijación y proliferación. Todo ello garantizando a la vez una estética adecuada a cada espacio.

Conclusiones

Durante el debate se hizo alusión a la encuesta realizada por la Vicepresidencia Segunda y Consejería de Vivienda y Arquitectura Bioclimática de la Comunidad Valenciana, llevada a cabo durante el confinamiento. Una encuesta on line que ha recibido 3.000 respuestas en la que se planteaban diferentes cuestiones.

¿Si fueras diagnosticado con el COVID-19 tendrías capacidad de aislarte en tu vivienda respecto de otros miembros de tu familia con los que convives?  ¿Están nuestras viviendas preparadas para periodos de confinamiento por coronavirus?  ¿Son capaces de adaptarse a estas nuevas necesidades? El objetivo era animar a los ciudadanos a que contestaran de manera anónima para mejorar la política de vivienda. Que pudieran valorar el grado de confort de su casa, lo cual ha servido para constatar  las carencias existentes en nuestros hogares.

Infraestructuras alternativas para el control de la pandemia y otros modelos habitacionales

A la primera pregunta, entre un 20-25% de los encuestados afirmaron que no tendrían dicha capacidad. Dicha situación se ha detectado en hogares de menor superficie en el que conviven personas de entre 30 y 45 años con otras generaciones, a las que les ha resultado imposible el aislamiento. Un factor más a tener en cuenta en el diseño y construcción de viviendas pero también en el planteamiento de otras alternativas. Entre ellas el aprovechamiento de otras infraestructuras. Uno de los participantes en el debate recordó la reciente iniciativa del gobierno valenciano mediante la puesta en marcha de las llamadas “arcas de Noé”, para facilitar espacios alternativos a la vivienda a enfermos o asintomáticos del COVID-D9, como fórmula para evitar la extensión de la pandemia. También el fomento y promoción de otros modelos habitacionales como el co-housing.

Cambio de mentalidad tras el confinamiento

Por otro lado, si bien la encuesta puso de manifiesto que en general no nos preocupa reformar nuestra vivienda para la mejora de nuestro propio bienestar, la experiencia vivienda durante el confinamiento sí ha supuesto uncambio de mentalidad en este sentido. Ahora valoramos más aspectos como la falta de iluminación natural, de ventilación, de aislamiento térmico y acústico o la conectividad en el hogar a través de las tecnologías. Quizás en este momento nos podamos plantear un nuevo modelo de vivienda más flexible con capacidad para realizar múltiples funciones. Que nuestra casa pueda ser nuestra oficina, el colegio o el gimnasio. Puede que el confinamiento se traduzca en una oportunidad en este sentido, sin olvidar desde luego a los colectivos más vulnerables con viviendas menos resilientes, donde las políticas de vivienda deberán de focalizar un mayor esfuerzo.

Y por último, si se ha constatado que generalmente nuestra casa no nos cuida, también es lógico plantear la siguiente cuestión ¿Cuidamos nosotros de nuestra casa?

Modificado por última vez enMiércoles, 13 Mayo 2020 13:12
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