El arquitecto Fermín Vázquez reclama una ciudad más verde, permeable y compartida #HomenajeBarcelonaARK
- Escrito por Idoia Arnabat CALORYFRIO
Desde la fundación de b720 Arquitectos en 1997 junto a Ana Bassat, Fermín Vázquez ha participado de manera directa en la evolución arquitectónica y urbana de Barcelona. Proyectos como la Torre Agbar —actual Torre Glòries—, el Mercat dels Encants o el Campus La Matriz forman parte de una trayectoria profesional estrechamente vinculada a la transformación contemporánea de la ciudad.
Con motivo de la designación de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026, Fermín Vázquez participa en el ciclo de entrevistas #HomenajeBarcelonaARK de Caloryfrio.com para analizar el momento que atraviesa la capital catalana, los desafíos que condicionarán su futuro y la responsabilidad de la arquitectura ante cuestiones como el acceso a la vivienda, la presión turística, la gestión del agua, la renaturalización urbana o el cuidado del espacio común.
Una capitalidad coherente con la vocación arquitectónica de Barcelona
Para Fermín Vázquez, la designación de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura supone una satisfacción especial para un estudio que, durante casi tres décadas, ha desarrollado su actividad entre Barcelona y Madrid.
“Que Barcelona sea la capital internacional de la arquitectura parece algo casi natural”, sostiene el arquitecto. La ciudad, explica, ha mantenido históricamente una relación singular con esta disciplina y existe entre los barceloneses “un interés muy peculiar por la arquitectura en general”.
Esta capitalidad representa también una oportunidad para sacar la arquitectura de los círculos especializados y acercarla al conjunto de la ciudadanía. Precisamente con ese objetivo, b720 impulsó una de las actividades seleccionadas dentro de la programación: una parada dedicada a la “arquitectura de segunda mano” instalada en el Mercat dels Encants.
La propuesta reunió aportaciones de cerca de medio centenar de estudios, entidades y empresas vinculadas a la reutilización de edificios, objetos y materiales. Maquetas, dibujos, libros, postales y fragmentos constructivos convivieron en un puesto concebido con el carácter heterogéneo propio de un mercado de objetos usados.
“No se vendía nada, pero se veían muchas cosas: objetos misteriosos, dibujos, libros, postales y retazos de materiales”, recuerda Vázquez. El resultado fue una iniciativa divulgativa que despertó la curiosidad de numerosos visitantes y permitió abordar la sostenibilidad desde una perspectiva cotidiana y accesible.
De la transformación olímpica a la recuperación del espacio público
La Barcelona actual no puede entenderse sin la gran transformación urbana acometida con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992. La recuperación del frente marítimo, la creación de nuevas infraestructuras y la apertura de la ciudad hacia el mar marcaron una etapa de enorme proyección internacional.
Desde entonces, la ciudad ha tenido que enfrentarse a nuevos desafíos, algunos compartidos con otras grandes capitales y otros especialmente intensos en Barcelona. Fermín Vázquez señala entre ellos la gestión del éxito turístico, la dificultad de acceso a la vivienda y la escalada de los precios inmobiliarios.
Frente al modelo de las grandes operaciones urbanísticas de los años noventa, Barcelona ha iniciado durante los últimos años una transformación basada en intervenciones más graduales. La recuperación del espacio público, las supermanzanas, la renaturalización y determinados proyectos experimentales de vivienda pública constituyen, a su juicio, apuestas relevantes, aunque todavía se desarrollen a una escala limitada.
“Todas parecen tímidas, pero sumadas yo creo que son muy valiosas”, afirma.
El arquitecto considera que Barcelona continúa siendo un lugar de referencia para la reflexión urbana, aunque reconoce que quizá no conserve la misma fuerza transformadora que tuvo durante los años noventa. “Barcelona sigue siendo el origen de muchas ideas e iniciativas valiosas en el panorama internacional”, asegura.
Una identidad difícil de diluir
La hiperconexión, la rápida circulación de la información y la globalización de los modelos constructivos están generando una cierta uniformización de las ciudades. Sin embargo, Fermín Vázquez considera difícil que Barcelona pierda sus principales señas de identidad.
El carácter de su centro histórico y del Eixample, su posición entre el mar y la montaña, la presencia de los dos ríos y una orografía claramente reconocible conforman una estructura urbana con una personalidad especialmente sólida.
No obstante, existe un elemento que hasta hace pocos años podía parecer inmutable y que ahora comienza a transformarse: el clima. Las condiciones ambientales que han determinado la forma de vivir y construir en las ciudades mediterráneas ya no pueden darse por sentadas. El aumento de las temperaturas, los periodos de sequía y la mayor frecuencia de episodios meteorológicos extremos obligan a revisar la relación entre arquitectura, territorio y recursos naturales.
El Mercat dels Encants: un edificio que quiere ser espacio público
Uno de los proyectos que mejor representa el equilibrio entre identidad, transformación y espacio urbano es el nuevo Mercat dels Encants.
Para b720, el principal desafío consistía en trasladar y modernizar un mercado profundamente vinculado a la memoria colectiva sin destruir su carácter popular, espontáneo e informal. La respuesta arquitectónica partió de una idea muy clara: el mercado no debía comportarse como un edificio cerrado.
“El Mercat dels Encants no es un edificio ni quiere ser un edificio; quiere ser espacio público”, resume Fermín Vázquez.
La aparente contradicción de diseñar un mercado de objetos usados —una actividad que tradicionalmente surge de manera casi espontánea sobre la calle— se resolvió mediante una superficie continua en rampa que vuelve sobre sí misma. Esta configuración permitió aprovechar un espacio inferior al que inicialmente requería el programa y mantener una circulación abierta, fluida y próxima a la experiencia del mercado tradicional.
Sobre esta superficie se eleva la gran marquesina reflectante, el elemento más reconocible del proyecto. Su presencia dota al mercado de visibilidad y ayuda a definir el perímetro de la plaza de las Glòries, permitiendo que un equipamiento popular dialogue con instituciones culturales cercanas como el Teatre Nacional de Catalunya y L’Auditori.
La marquesina, la rampa y la continuidad del espacio permiten conservar la identidad del mercado y, al mismo tiempo, otorgarle una nueva dimensión urbana.
La sostenibilidad como responsabilidad arquitectónica
Para Fermín Vázquez, la arquitectura del futuro no puede limitarse a perseguir la eficiencia energética. Debe asumir una actitud más amplia de responsabilidad frente al impacto que genera la transformación del espacio construido.
Construir implica consumir materiales, energía y territorio, además de alterar de manera directa el entorno. Por ello, los arquitectos deben evaluar no solo el funcionamiento posterior de los edificios, sino también las consecuencias derivadas de todo el proceso constructivo.
“El espacio construido requiere una enorme cantidad de recursos de transformación”, señala. Una realidad ante la que ya no resulta posible “esconder debajo de la alfombra” los efectos negativos.
Esta mayor conciencia coincide con una sociedad cada vez más exigente respecto al uso de los recursos. La arquitectura deberá responder a esa responsabilidad al tiempo que aprende a trabajar en un contexto marcado por la incertidumbre climática, económica y social.
Agua, vegetación y permeabilidad: soluciones que ya conocemos
La gestión del agua es uno de los grandes retos de Barcelona y del conjunto de las ciudades mediterráneas. En un territorio sometido a periodos de sequía y, al mismo tiempo, expuesto a episodios de lluvia cada vez más intensos, la impermeabilización del suelo urbano dificulta la absorción natural del agua y agrava el riesgo de inundaciones.
Fermín Vázquez considera sorprendente que cuestiones como el aprovechamiento del agua, el despilfarro energético o el efecto isla de calor sigan tratándose como problemas pendientes, cuando muchas de sus respuestas son conocidas desde hace tiempo.
“Las soluciones las hemos tenido siempre delante. En realidad sabemos, son bastante de sentido común las cosas que hay que hacer”, asegura.
Aumentar la vegetación, favorecer la permeabilidad de los suelos y permitir una recogida más natural del agua ayuda a aprovechar mejor este recurso y a reducir las consecuencias de las lluvias intensas. Del mismo modo, integrar la captación solar y gestionar adecuadamente la energía permite reducir emisiones y contaminación.
La vegetación urbana, además, no solo contribuye a moderar las temperaturas. También crea espacios más saludables, agradables y limpios. La parte positiva, para Vázquez, es que estas soluciones son conocidas y técnicamente viables. Por eso considera posible mantener cierto optimismo: las ciudades saben cómo mejorar, aunque todavía deban acelerar la aplicación de las medidas.
Procesos lentos, pero una transformación en marcha
La complejidad jurídica, la diversidad de propiedades, el coste de las obras y la lentitud del planeamiento constituyen algunos de los principales obstáculos para aplicar soluciones sostenibles a gran escala.
Las ciudades son sistemas complejos en los que deben conciliarse numerosos derechos, intereses y garantías. Esa complejidad protege a la ciudadanía, pero también alarga los procesos de transformación.
Pese a estas dificultades, Fermín Vázquez percibe señales claras de cambio. La industrialización y la prefabricación son un buen ejemplo. Durante décadas, el sector ha debatido sobre la necesidad de trasladar a la construcción parte de la eficiencia alcanzada por otras industrias, sin que el cambio llegara a materializarse de manera generalizada.
Ahora, en cambio, esas soluciones comienzan a incorporarse a proyectos reales y a aparecer en ámbitos donde antes se consideraban inviables. “La transformación está en marcha”, afirma.
La ciudad mediterránea y el valor de lo común
Las ciudades mediterráneas parten, según el arquitecto, de ciertas ventajas. Su densidad, la mezcla de usos y la proximidad entre vivienda, comercio, servicios y equipamientos hacen que muchas funcionen ya como ciudades de 15 minutos.
Sin embargo, deben avanzar en su renaturalización, aumentar la vegetación y recuperar la permeabilidad de los suelos. Junto a estas grandes intervenciones, Vázquez introduce otra cuestión menos visible, pero igualmente importante: el cuidado cotidiano del paisaje urbano.
La colocación desordenada de equipos de aire acondicionado, los cerramientos de balcones o la sustitución de carpinterías sin atender a la composición general de las fachadas son pequeñas actuaciones privadas que, acumuladas, pueden deteriorar un patrimonio arquitectónico valioso.
El arquitecto reclama una mayor conciencia sobre la relación entre las decisiones individuales y su impacto en el conjunto de la ciudad. No se trata únicamente de establecer normas, sino de promover una cultura de respeto, corresponsabilidad y cuidado.
“Yo creo que esa cultura del cuidado y del impacto de lo que hacemos cada uno en lo común, y el valor de lo común, revierte”, explica. Una vivienda, un local o un inmueble adquieren también mayor valor cuando el edificio, la calle y el entorno urbano se encuentran bien conservados.
Esta defensa del espacio compartido puede parecer una batalla modesta, pero, para Vázquez, tiene un impacto muy elevado. Cuidar lo común contribuye a mantener la calidad de la ciudad y eleva la ambición colectiva de preservarla y mejorarla de manera coordinada.
Barcelona 2050: completar la relación entre la ciudad y el puerto
Al imaginar la Barcelona de 2050, Fermín Vázquez advierte que, en términos de transformación urbana, esa fecha se encuentra mucho más cerca de lo que parece.
“2050 está aquí al lado”, señala.
Entre las cuestiones pendientes identifica una especialmente relevante: completar la relación entre Barcelona, su puerto y el mar. Después de la gran apertura marítima impulsada en 1992, todavía existen espacios y oportunidades capaces de reforzar ese vínculo.
La zona situada a los pies de Montjuïc y los ámbitos próximos al puerto plantean un desafío urbano complejo. Se trata de espacios que todavía pueden ser apropiados —o reapropiados— por la ciudad y convertirse en nuevas áreas de actividad, innovación y uso ciudadano.
Para Barcelona, seguir siendo una referencia arquitectónica en 2050 no dependerá únicamente de levantar nuevos edificios emblemáticos. También exigirá recuperar territorios, gestionar mejor sus recursos, adaptar el espacio público al clima y fortalecer una cultura urbana basada en el cuidado colectivo.
La ciudad del futuro, según la mirada de Fermín Vázquez, deberá continuar innovando sin renunciar a su identidad, mirar de nuevo hacia el mar y reconocer que la calidad arquitectónica se construye tanto mediante grandes proyectos como a través del respeto cotidiano por el valor de lo común.
Barcelona ha sido designada Capital Mundial de la Arquitectura 2026 por la UNESCO y la UIA, un título que la coloca en el centro del debate internacional sobre el futuro de las ciudades. No se trata únicamente de un reconocimiento simbólico, sino de una oportunidad para proyectar al mundo el modelo urbano barcelonés, con sus fortalezas, complejidades y retos.
Para profundizar en ello, presentamos un ciclo de entrevistas #homenajeBarcelonaARK en el que conversaremos a lo largo de todo el año con profesionales de la arquitectura con proyectos o vida laboral intensa en la Ciutat Condal.
No te pierdas nuestras próximas entrevistas en homenaje a Barcelona y a su arquitectura con profesionales del sector y algunos de los principales estudios de arquitectura de la ciudad. Síguenos en el #EspacioARK y recibe nuestros boletines para no perderte nada.
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