El camino de la refrigeración hacia la sostenibilidad: nuevos gases, eficiencia y tecnologías disruptivas
El sector del frío está viviendo lo que quizá es la mayor evolución tecnológica de su historia. La introducción de nuevos gases refrigerantes, la eficiencia energética y las tecnologías disruptivas son las tres grandes áreas que marcan la diferencia entre el pasado y el futuro de la refrigeración. Ambas definen un sector prometedor que presenta muchas oportunidades de futuro para amplios perfiles profesionales, pero que puede verse lastrado si no hay un control serio del mercado negro y del intrusismo profesional.
La refrigeración va a ser, cada vez más, natural y sostenible. Por ello, los nuevos gases refrigerantes van de la mano con la evolución en las arquitecturas sobre las que se construyen las instalaciones frigoríficas. La labor de las empresas del frío es aportar soluciones a los retos del planeta y, por eso, se han adaptado a los nuevos requerimientos de reducción de emisiones y eficiencia energética. Para ello, convergen diferentes tecnologías capaces de dar respuesta a muy distintas necesidades, desde la condensación por agua en sistemas descentralizados, a los diferentes sistemas que usan CO2 con variados tipos de eyectores, pasando por el uso del propano y del amoniaco con cargas reducidas y compactas.


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Evitar la proliferación de la bacteria de la legionela durante los meses de verano es posible con el correcto mantenimiento de los equipos. El mantenimiento, la profesionalización y la concienciación son fundamentales para garantizar la seguridad socio sanitaria en torres y condensadores evaporativos, así como en todos aquellos equipos susceptibles de albergar la bacteria
Los inicios del CO2 como refrigerante llegaron con la primera patente británica de 1850. El primer sistema de refrigeración por compresión de CO2 en Europa fue construido por C. Linde en 1881.
Debido al estado de alarma y al confinamiento derivado de la crisis sanitaria por pandemia de coronavirus y COVID-19, muchas empresas se han visto obligadas a es detener o ralentizar sus procesos de producción. Desde Torraval, aconsejan que, en tal caso, se adecue también el ritmo de trabajo de las torres de refrigeración.