Tribuna de opinión: Esther Estevez, Directora de Amascal: “El valor de Amascal”

Esther-estevez

Ser miembro de una Asociación es un honor y una obligación. Formar parte de ella significa exigir y compartir. Debemos eliminar la tan manida pregunta ¿pero de qué me sirve a mí la asociación? Aunque se tiende a creer que no hay es respuesta, es una creencia falsa.La asociación son los ojos y el oído del empresario, que le proporciona un entorno empresarial en el que es posible competir.
Las prácticas comerciales correctas, la legislación, la información general sobre el sector, las relaciones institucionales son su territorio. El trabajo diario absorbe al empresario casi el 100% de su tiempo, se hace necesario tener la cabeza despejada para poder ver más allá de los problemas; las tendencias, las amenazas las oportunidades, solo se perciben cuando se observa el entorno desde la calma y la reflexión con una mirada general.
 
La asociación no suele proporcionar directamente un aumento de ventas, ni nuevos clientes, ni por supuesto mejores precios de compra y venta. Amascal incluso prohibió en sus estatutos las acciones comerciales. Si esto formara parte de la actividad de la Asociación esta estaría abocada al desastre. El día a día contamina el pensamiento de problemas a resolver a corto plazo. Entonces, ¿quién se ocuparía de procurar un mejor futuro marco de referencia?
 
El trabajo de la Asociación es una labor en ocasiones ingrata, poco valorada y casi nunca vistosa, pero sin duda necesaria. Sin embargo se da una paradoja que las personas que trabajan en las asociaciones conocen muy bien; con frecuencia se sienten ignoradas, se le suele atribuir poco valor al trabajo realizado, salvo que, y esta es la paradoja, ese mismo trabajo, pueda ser explicado de tú a tú a los asociados, a ser posible en pequeños grupos. Si la oportunidad lo permite, y el relato se hace a extensivo a aquellas empresas que contribuyen al sostenimiento económico de la asociación, puede uno verse sorprendido por el buen recibimiento del que se dispensa a todas las posibles ofertas y las iniciativas emprendidas desde la Asociación. Es entonces cuando se dan por buenas las horas empleadas en sacar adelante la Asociación.
 
La conclusión es que si el trabajo realizado es bien acogido en pequeños grupos, es que si tiene valor, ¿por qué nos cuesta tanto entonces reconocerlo? Pues de nuevo volvemos a la primera reflexión, el día a día nos devora sin piedad, aniquilando la visión de conjunto y desde un punto de vista práctico,
extinguiendo el tiempo dedicado a las alabanzas. Así que, mientras los asociados lo estimen oportuno, las asociaciones seguiremos siendo los ojos y los oídos de los empresarios de cualquier sector, y a competir, que para eso se crearon las empresas, pero por favor, reservar 10 minutos al mes para empaparos de las propuestas de vuestra asociación y aportar aunque sean problemas para poder seguir construyendo.
 
Modificado por última vez enMartes, 24 Noviembre 2015 10:00
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