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Vuelta al cole y Calidad del Aire Interior en colegios: qué exige la normativa y cómo se garantiza

La calidad del aire interior en las aulas es una de las asignaturas pendientes del parque educativo español. No es un debate nuevo, aunque la pandemia de COVID-19 lo puso en el centro de la actualidad al recordar que muchos centros educativos no cuentan con un sistema de ventilación capaz de garantizar una renovación de aire suficiente. Aquella crisis sanitaria dejó una lección que sigue siendo válida hoy: la ventilación no es solo una cuestión de confort, sino un requisito normativo y de salud pública.

En este artículo repasamos qué exige la normativa RITE sobre ventilación y calidad del aire interior en colegios, cómo se calcula el caudal necesario en un aula, qué exigencias complementarias debe cumplir un sistema de ventilación mecánica y cuál es la situación actual de los centros educativos en España ante el nuevo curso escolar. 

Calidad del aire interior en un aula escolar

Por qué es importante la calidad del aire interior en los colegios

La adecuada calidad del aire interior debe garantizarse en cualquier espacio destinado al desarrollo de actividades por las personas que lo ocupan, y las aulas no son una excepción. Se trata de espacios en los que convive la exposición a contaminantes físicos, químicos y biológicos: los que emiten las propias personas, los materiales de construcción y mobiliario, las actividades que se desarrollan en el interior e incluso los contaminantes que entran desde el exterior.

La calidad del aire interior se mide en función de los contaminantes presentes en el aire y del grado de molestia percibida por los usuarios. Una mala calidad del aire puede producir síntomas adversos —desde molestias leves hasta enfermedades— en lo que se conoce como Síndrome del Edificio Enfermo. En el caso de los colegios, además, una ventilación insuficiente afecta directamente a la capacidad de concentración y al rendimiento escolar de los alumnos.

Qué exige el RITE sobre ventilación en centros educativos

En España, la calidad del aire interior queda regulada por el CTE (Código Técnico de la Edificación) para edificios de uso residencial, y por el RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, aprobado por el Real Decreto 1027/2007 y modificado posteriormente, entre otras normas, por el Real Decreto 178/2021) para edificios de uso no residencial con ocupación humana. Los centros docentes se rigen por esta segunda normativa.

Es la Instrucción Técnica IT 1.1.4.2 (Exigencia de calidad de aire interior) la que establece que los edificios dentro de su ámbito de aplicación deben disponer de un sistema de ventilación que aporte el caudal de aire exterior suficiente para evitar, en los locales donde se desarrolle actividad humana, la formación de concentraciones elevadas de contaminantes.

Para el cumplimiento de esta exigencia, el RITE remite al procedimiento de la norma UNE-EN 13779. Conviene señalar que, a nivel europeo, esta norma ha sido sustituida por la familia UNE-EN 16798 (partes 1, 3 y 17), que introduce un enfoque más amplio de calidad ambiental interior alineado con las directrices de la OMS. El RITE, sin embargo, sigue remitiéndose de forma explícita a la UNE-EN 13779 mientras no se complete su revisión, por lo que a día de hoy es esta última la que continúa determinando, en la práctica, las exigencias de ventilación aplicables a los centros educativos.

Dentro de esta clasificación, la categoría de calidad del aire interior (IDA) exigida es:

  • Guarderías: IDA 1, aire de óptima calidad (junto con hospitales, clínicas y laboratorios).
  • Aulas de enseñanza: IDA 2, aire de buena calidad (junto con oficinas, residencias, salas de lectura y museos).

Cómo se calcula el caudal de ventilación necesario en un aula

El caudal mínimo de aire exterior de ventilación se puede calcular por distintos métodos recogidos en el RITE. El más utilizado es el método indirecto de caudal de aire por persona, aplicable cuando la actividad metabólica es baja (personas sentadas), la producción de contaminantes por fuentes distintas al ser humano es reducida y no está permitido fumar. Los valores para las categorías de un colegio son:

  • IDA 1: 20 dm³/s por persona, equivalente a 72 m³/h por alumno.
  • IDA 2: 12,5 dm³/s por persona, equivalente a 45 m³/h por alumno.

Ejemplo de renovación de aire necesaria en un aula

Aula de 45 m² de superficie útil ocupada por 25 alumnos y un profesor de primaria o secundaria, con una altura libre de 2,5 m:

  • Caudal necesario: 45 m³/h por persona x 26 personas = 1.170 m³/h.
  • Volumen del aula: 45 m² x 2,5 m = 112,5 m³.
  • Renovaciones de aire por hora: 1.170 m³/h / 112,5 m³ = 10,4 renovaciones/hora.

Exigencias complementarias: filtración, extracción y recuperación de calor

Al requisito de garantizar un caudal mínimo de ventilación mecánica se añaden otras exigencias del RITE:

  • Filtrar adecuadamente el aire exterior de ventilación antes de introducirlo en el edificio. La filtración necesaria depende de la calidad del aire exterior (ODA) y de la calidad del aire interior requerida (IDA).
  • Garantizar la extracción del aire interior, clasificado según su nivel de contaminación (AE). Solo el aire clasificado como AE1 —bajo nivel de contaminación, en espacios donde no se permite fumar, categoría en la que se encuadran las aulas— puede recircularse.

Complementariamente, se deben instalar recuperadores de calor para cumplir con las exigencias de eficiencia energética y limitar el consumo energético asociado a la ventilación mecánica.

La lección de la pandemia: ventilación y transmisión de virus por aerosoles

La pandemia de COVID-19 aportó evidencia científica que reforzó la importancia de la ventilación en espacios interiores compartidos. En julio de 2020, más de 200 científicos de 32 países —liderados por Lidia Morawska, del Laboratorio Internacional para la Calidad del Aire y la Salud, centro colaborador de la OMS— publicaron una carta en la que reclamaban reconocer el riesgo de transmisión aérea del virus, más allá del contagio por gotas grandes o por contacto.

La evidencia acumulada desde entonces confirma que los virus respiratorios pueden transmitirse mediante microgotas (aerosoles) capaces de permanecer suspendidas en el aire y de recorrer distancias superiores a los dos metros en espacios cerrados, especialmente cuando hay poca renovación de aire y estancias prolongadas, como ocurre en un aula. Organismos como ASHRAE y REHVA publicaron entonces guías específicas para adaptar los sistemas de ventilación a esta evidencia, entre ellas: aportar un caudal de aire exterior suficiente, reducir la recirculación, incorporar sistemas de control de infección en el aire (filtración de alta eficiencia, extracción localizada, luz ultravioleta germicida) y evitar aglomeraciones.

Esta evidencia no ha perdido vigencia: la ventilación sigue siendo, hoy, una de las medidas más eficaces y de menor coste para reducir la exposición a cualquier contaminante biológico en espacios interiores, no solo frente al SARS-CoV-2.

Qué encontramos realmente en los colegios hoy en día

Durante la pandemia, entidades como el COGITI (Consejo General de Colegios Oficiales de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de España) trasladaron al Ministerio de Educación su preocupación por la baja calidad del aire en las aulas. Según se expuso entonces, la mayoría de los centros escolares no contaba con ningún sistema de ventilación mecánica que garantizase la renovación del aire interior, y su único mecanismo de ventilación seguía siendo la apertura de puertas y ventanas. Los estudios técnicos realizados desde entonces confirman que aquel diagnóstico sigue vigente en buena parte del parque educativo.

El proyecto de investigación IAQ4EDU, de la Universitat Politècnica de Catalunya, resume bien la situación: la amplia mayoría de las escuelas españolas construidas antes de 2007 —año de entrada en vigor del RITE— no dispone de ventilación mecánica y depende de la actuación de los propios ocupantes, principalmente de abrir y cerrar ventanas, para renovar el aire.

Los estudios de campo confirman las consecuencias sobre la calidad del aire real en las aulas:

  • Una investigación del Instituto Eduardo Torroja de Ciencias de la Construcción (CSIC), que monitorizó ocho aulas de tres colegios públicos madrileños durante un año, encontró que durante aproximadamente un tercio del tiempo lectivo las concentraciones de CO² superaban los valores límite considerados en el estudio.
  • Un estudio de la Universidad de Sevilla, realizado en 42 aulas de ocho centros educativos andaluces, constató que un porcentaje elevado de los edificios carecía de ventilación mecánica y de sistemas de filtración, dependiendo de las infiltraciones y de la apertura de ventanas para renovar el aire.

No es riguroso, por tanto, dar una cifra nacional exacta de colegios con y sin ventilación mecánica, porque no existe un censo estatal actualizado de instalaciones de ventilación aula por aula. Sí hay evidencia suficiente, a través de estos y otros estudios técnicos, para afirmar que la implantación de la ventilación mecánica sigue siendo minoritaria, especialmente en el parque construido antes de la entrada en vigor del RITE.

Como medida paliativa mientras se acometen las reformas necesarias, se ha extendido la instalación de detectores de CO² en las aulas: un indicador indirecto y de bajo coste que permite saber cuándo es necesario renovar el aire mediante la apertura de puertas y ventanas.

La pandemia mejoró la vigilancia, pero no transformó masivamente las instalaciones

La COVID-19 puso el CO², la ventilación cruzada y los purificadores de aire en el centro del debate. Muchos centros incorporaron medidores de CO² y protocolos de apertura de ventanas, pero eso no equivale a haber resuelto de forma estructural el problema de la ventilación.

La ventilación natural puede funcionar razonablemente bien en determinadas condiciones, pero depende del viento, de la temperatura exterior, de la geometría de las ventanas, de la ocupación y del comportamiento de los usuarios. En invierno o durante episodios de calor, además, aparece un conflicto evidente entre calidad del aire, confort térmico y consumo energético: abrir ventanas para ventilar penaliza el confort térmico y dispara el consumo si hay calefacción o refrigeración en marcha. Es precisamente uno de los problemas que investiga actualmente el proyecto IAQ4EDU, buscando estrategias de ventilación que equilibren calidad del aire, confort y eficiencia energética.

Ventilación natural o mecánica: qué dicen los expertos

Los especialistas en calidad del aire interior coinciden en que el único mecanismo capaz de garantizar de forma fiable la calidad del aire interior en las aulas —y, con ella, la salud y el confort de los alumnos— es la ventilación mecánica, por encima de la ventilación natural.

La ventilación natural presenta varios inconvenientes como único sistema de renovación de aire:

  • Depende de condiciones ambientales exteriores no siempre favorables (temperatura, lluvia, contaminación, ruido).
  • Depende de si el aula ventila hacia un patio interior o directamente al exterior.
  • El caudal de aire aportado varía según la acción del viento o la diferencia de temperatura interior-exterior: habrá días con ventilación óptima y otros sin caudal suficiente.
  • Es difícil de regular: ¿cada cuánto se abren las ventanas?, ¿al inicio y al final de la clase?, ¿qué ocurre entre una renovación y otra?

Solo la ventilación mecánica es capaz de suministrar de forma constante el caudal necesario para garantizar la calidad del aire interior exigida por el RITE —y si además incorpora filtración, la mejora es doble—. En los centros que ya cuentan con sistemas de ventilación mecánica, es igualmente importante llevar a cabo auditorías periódicas que verifiquen el estado de la instalación y su correcto mantenimiento.

Hacia dónde evoluciona la normativa de calidad del aire interior

Durante los últimos años, desde distintos foros del sector se han planteado propuestas de mejora sobre la normativa actual de ventilación en centros educativos, entre ellas:

  • Establecer dos modos de operación en el sistema de ventilación: uno para condiciones normales y otro para situaciones extraordinarias.
  • Aumentar la tasa de renovación de aire por encima de los valores actuales de la tabla 1.4.2.1 del RITE.
  • Incorporar sistemas de visualización y medición continua de la calidad del aire interior en las aulas.
  • Revisar las calidades y eficiencias de los filtros exigidos.
  • Establecer una reglamentación de carácter retroactivo que obligue a dotar de ventilación mecánica a los centros educativos que actualmente carecen de ella.

A día de hoy, estas propuestas siguen sin trasladarse a los caudales mínimos exigidos por el RITE, que se mantienen en los valores de la tabla 1.4.2.1. El contexto normativo, no obstante, sí está en movimiento: la transposición al ordenamiento español de la Directiva europea de eficiencia energética de los edificios (EPBD, Directiva UE 2024/1275) avanza de forma parcial —el Código Técnico de la Edificación ya incorporó en 2026 el nuevo Documento Básico de Sostenibilidad (DB-HSA)—, mientras que la revisión del RITE que debería incorporar la familia de normas UNE-EN 16798 sigue pendiente.

¿Se está avanzando en la práctica?

Sí, aunque de forma desigual y todavía centrada más en climatización que en ventilación propiamente dicha. En 2026, el Gobierno puso en marcha el programa PREE Docente, dotado con 200 millones de euros del Fondo Nacional de Eficiencia Energética, para la rehabilitación energética de colegios y otros edificios docentes públicos no universitarios. El programa financia actuaciones sobre envolvente térmica, iluminación, energías renovables para climatización y agua caliente sanitaria, y sistemas de automatización y control; su gestión corresponde a las comunidades autónomas, con el IDAE como coordinador estatal.

Algunas comunidades autónomas desarrollan además programas propios. Andalucía, por ejemplo, mantiene su Plan de Confort Térmico y Plan de Bioclimatización, con miles de actuaciones de climatización y ventilación ya ejecutadas en centros educativos de la comunidad.

Conviene, no obstante, hacer una distinción técnica importante: climatizar un aula no equivale a ventilarla. Instalar un split, una bomba de calor o un equipo de aire acondicionado resuelve la temperatura, pero si el equipo se limita a recircular aire interior no garantiza por sí mismo la renovación con aire exterior ni controla el CO² y el resto de contaminantes. Solo un sistema de ventilación —natural regulada o, preferiblemente, mecánica— cumple esa función.

En resumen, la fotografía del parque educativo español en 2026 sería esta:

  • Obra nueva y reformas integrales: deben proyectarse para cumplir los caudales y requisitos de calidad del aire del RITE.
  • Colegios existentes: una parte muy importante continúa sin ventilación mecánica controlada.
  • Solución predominante: apertura de ventanas y ventilación natural.
  • Problema de fondo: es difícil garantizar de forma permanente los caudales necesarios sin penalizar el confort térmico y el consumo energético.
  • Marco normativo: no existe actualmente una obligación estatal de instalar ventilación mecánica controlada (VMC) con carácter retroactivo en todos los colegios construidos antes del RITE.

Las inversiones públicas están aumentando, pero muchas se concentran todavía en climatización y rehabilitación energética general, no necesariamente en una renovación integral de la ventilación de las aulas.

Preguntas frecuentes sobre la calidad del aire interior en colegios

¿Qué categoría de calidad del aire interior (IDA) exige el RITE en las aulas?

Las aulas de enseñanza deben alcanzar la categoría IDA 2 (aire de buena calidad), con un caudal mínimo de 12,5 dm³/s por persona. En guarderías, la exigencia es mayor: IDA 1, con 20 dm³/s por persona.

¿Es suficiente ventilar un aula abriendo puertas y ventanas?

La ventilación natural puede complementar, pero no sustituye a la ventilación mecánica como mecanismo para garantizar de forma constante el caudal mínimo exigido por el RITE, ya que depende de factores externos difíciles de controlar.

¿Sirven los medidores de CO² para garantizar la calidad del aire interior?

Los detectores de CO² son un indicador útil y de bajo coste para saber cuándo renovar el aire mediante ventilación natural, pero son una medida paliativa: no sustituyen a un sistema de ventilación mecánica dimensionado conforme al RITE.

Conclusiones

Garantizar una adecuada calidad del aire interior en las aulas es responsabilidad compartida de administraciones, centros educativos y profesionales del sector. Una mala calidad del aire tiene efectos negativos sobre la salud y el rendimiento de los alumnos, y la pandemia de COVID-19 solo puso en evidencia un problema que ya existía antes y que sigue sin resolverse en buena parte del parque educativo español.

Disponemos de la tecnología y del conocimiento técnico necesarios para dar una solución adecuada: dotar a los centros educativos de sistemas de ventilación mecánica dimensionados conforme al RITE, con la filtración y la recuperación de calor correspondientes. Lo que falta, en muchos casos, es acometer esa inversión en el parque edificatorio existente.

Modificado por última vez enViernes, 04 Septiembre 2026 13:09

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