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Aerotermia y certificación energética: adiós a la dieta que solo contaba calorías

Hasta el boom del nutricionismo, las dietas se basaban en contar calorías. Solo calorías.

La Coca-Cola y la leche entera tienen prácticamente las mismas calorías por cada 100 ml. Si solo miras ese número, son equivalentes. Las calorías no mienten, pero tampoco cuentan todo. Ése es exactamente el problema del certificado energético cuando compara la bomba de calor y la caldera de gas mirando un solo indicador.

aerotermia certificado energetico

El certificado de eficiencia energética de los edificios ha funcionado durante años con una lógica parecida. El indicador principal ha sido la energía primaria no renovable, y el factor de paso de la electricidad se ha mantenido artificialmente alto —construido sobre un mix eléctrico que ya no existe—, mientras el gas natural conservaba un factor convencional de 1,10 tomado directamente de una norma europea de 2017, sin incluir el impacto de la cadena de distribución y suministro, sin GNL, sin pérdidas, sin considerar la dependencia energética.

 

¿El resultado? En muchos casos, el certificado con la caldera de gas ganaba. No porque fuera mejor para el planeta, ni porque emitiera menos, sino porque el contador de calorías estaba mal calibrado y solo medía un nutriente.

El RDL 7/2026 mira la etiqueta nutricional entera

El RDL 7/2026 rompe esa inercia. Al integrar los Certificados de Ahorro Energético en un marco que impulsa directamente la electrificación térmica, y al estandarizar el cálculo del ahorro energético, establece por primera vez una señal regulatoria que mira la etiqueta entera: no solo las calorías, sino las proteínas, las grasas saludables, los micronutrientes, etc. Es decir, no solo los kWh eléctricos consumidos, sino los kWh útiles térmicos entregados, la energía ambiente renovable captada del aire y las emisiones evitadas a lo largo de toda la cadena energética. Con esa lectura completa, la bomba de calor gana.

El mercado lleva años pidiendo el plato correcto

El mercado ya lo refleja. La aerotermia lleva varios ejercicios encadenando crecimientos sostenidos en instalaciones residenciales y terciarias.

La sustitución de calderas de gas en rehabilitación, la obra nueva bajo la EPBD y los programas de ayudas han actuado como vectores de tracción, pero con una limitación de fondo: mientras el certificado energético penalizaba la electricidad con un factor que no representaba el mix real, muchas decisiones de diseño e inversión se guiaban por una señal regulatoria distorsionada. Algunos proyectos de rehabilitación con bomba de calor obtenían calificaciones energéticas que no reflejaban su comportamiento real y peores que actuaciones con calderas de gas natural. El contador de calorías, otra vez.

Sinergia de nutrientes

El RDL 7/2026 y los dos procesos normativos abiertos en mayo de 2026 —la consulta pública previa sobre el PEF eléctrico y la audiencia sobre el Documento Reconocido de certificación— llegan simultáneamente, y esa simultaneidad es relevante.

El sector se enfrenta a tres nutrientes que deben cuadrar a la vez: la señal de los CAE, los factores de paso de los vectores energéticos y el escalado de calificaciones del certificado.

Como en una dieta bien diseñada, no basta con corregir un nutriente si los otros dos siguen mal calculados. Y el primero que necesita corrección es el más básico: la tabla nutricional del edificio lleva años desactualizada. Una electricidad de red crecientemente renovable debe reflejarse en la certificación energética.

El chorizo del cocido

En sus alegaciones al Documento Reconocido, desde AFEC hemos valorado la orientación de los factores eléctricos propuestos —Fp,nren = 0,11 y KCO₂e = 0,025 kgCO₂e/kWh final— precisamente porque permiten que la certificación refleje por fin la evolución renovable del sistema eléctrico español. Un factor eléctrico actualizado es condición necesaria para que la bomba de calor obtenga en el certificado la calificación que merece.

Pero señalamos con igual precisión y firmeza que esa corrección sólo tiene sentido completo si va acompañada de una revisión equivalente del gas natural y del resto de combustibles fósiles.

El factor 1,10 del gas natural —sin extracción, sin transporte internacional, sin regasificación, sin pérdidas— es el equivalente energético de contar las calorías del aguacate y olvidar las del chorizo que lleva el cocido. La dieta sale bien en el papel. En la arteria, no tanto.

La aerotermia debe compararse con otras soluciones desde una neutralidad tecnológica real: mismo rigor, mismo perímetro y misma trazabilidad para todos. Desde AFEC proponemos, como contraste técnico de mínimos mientras no exista un cálculo nacional específico, una horquilla de Fp,nren para gas natural de entre 1,20 y 1,30, con la cadena energética completa.

Bajo esa comparación simétrica, el gas natural presentaría un factor claramente superior al eléctrico. Esta diferencia es meramente parte de la aritmética de la cadena energética completa, no se trata de un argumento ideológico. Y es exactamente la lógica que el RDL 7/2026 necesita que el certificado respalde para que los CAE y las ayudas a la electrificación térmica se apoyen en una señal metodológica coherente, no en un indicador aislado (y desactualizado) que favorece a quien tiene el contador más antiguo.

Lo que cuenta es el calor que llega al plato, no cómo se ha cocinado

Hay un segundo elemento que la regulación y el mercado deben gestionar juntos: la unidad funcional. Mirar solo el consumo final de una bomba de calor es como valorar un alimento solo por las calorías y olvidar los nutrientes.

Para que la bomba de calor y la caldera compitan en la misma liga, deben medirse los kWh útiles térmicos entregados al edificio –que nos revelan qué servicio real recibe el edificio–, en lugar de los kWh finales –que simplemente nos dicen cuánto entra.

Desde el Plan de promoción de bomba de calor de AFEC desarrollamos una metodología comparativa sobre esa base —consumo final, rendimiento estacional, energía primaria, emisiones, cadena energética hasta el uso final—, que recogimos en un documento sobre Comparación de sistemas de calefacción doméstica.

Y proponemos que esa lógica quede recogida en el Documento Reconocido mediante indicadores complementarios y ejemplos oficiales. Para fabricantes, distribuidores e instaladores, esa herramienta es un argumento de venta. Y para  propietarios o promotores es una oportunidad para decidir con información real, en lugar de seguir usando el viejo contador de calorías de siempre.

El RDL 7/2026 abre una oportunidad estructural para el mercado de la aerotermia en España. Los instrumentos de apoyo —CAE, ayudas, financiación— tienen ahora una base regulatoria más sólida para justificar técnicamente el ahorro y gestionar los proyectos. La estandarización del cálculo reduce fricción en la cadena de valor. Y la señal al mercado es inequívoca: la electrificación térmica eficiente tiene respaldo normativo.

La etiqueta nutricional entera

Lo que necesitamos ahora en el sector es que esa oportunidad no se diluya por incoherencia entre instrumentos legislativos. Lo que necesitamos ahora es un PEF eléctrico actualizado, un factor del gas natural calculado con el mismo rigor de cadena energética, un escalado de calificaciones revisado, indicadores por kWh útil térmico y ejemplos oficiales que muestren cómo funciona todo junto en obra nueva y rehabilitación profunda.

La dieta energética de los edificios españoles lleva demasiados años contando solo calorías. La aerotermia lleva años aportando ahorro real. Lo que empieza a cambiar es la forma de leerlo: ha llegado el momento de leer la etiqueta nutricional entera.

Modificado por última vez enJueves, 04 Junio 2026 12:50

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