Ni los refrigerantes ni la digitalización: las personas son los verdaderos agentes del cambio en el sector de la refrigeración
- Escrito por Susana Rodriguez
Los principales encuentros celebrados este año en torno a la refrigeración han puesto sobre la mesa los grandes retos que determinarán el futuro del sector: la transición hacia nuevos refrigerantes, la eficiencia energética, la digitalización, la inteligencia artificial, la evolución normativa y la modernización de las instalaciones.
Sin embargo, detrás de todos estos desafíos existe una cuestión aún más decisiva: las personas.

Podemos disponer de tecnologías más eficientes, sistemas inteligentes y marcos regulatorios cada vez más exigentes, pero ninguna transformación será posible sin profesionales capaces de diseñar, fabricar, instalar, mantener y hacer evolucionar nuestras instalaciones.
Las personas son los verdaderos agentes del cambio.
Desde mi doble experiencia como presidenta de AEFYT y como empresaria, considero que uno de los mayores retos que afronta actualmente la refrigeración no es exclusivamente tecnológico ni normativo. Es un reto humano.
Necesitamos atraer nuevos profesionales, garantizar el relevo generacional y conseguir que el conocimiento acumulado durante décadas por nuestros técnicos no se pierda. Y esta tarea no corresponde únicamente a las empresas. Es una responsabilidad compartida que exige la implicación de empresarios, asociaciones, administraciones públicas, centros educativos, fabricantes, instaladores, mantenedores y usuarios finales.
Una profesión inteligente, esencial y con futuro
La refrigeración continúa siendo una gran desconocida para buena parte de la sociedad.
Está presente en la alimentación, la sanidad, la industria, la logística, los supermercados, la hostelería, los centros de datos y numerosos procesos productivos esenciales. Sin embargo, muchas personas jóvenes desconocen las oportunidades profesionales que ofrece.
Debemos explicar que la refrigeración no es una profesión del pasado. Es una actividad técnica, digital, sostenible y con una enorme capacidad de desarrollo.
Los profesionales del sector trabajan actualmente con automatización, monitorización remota, análisis de datos, mantenimiento predictivo, refrigerantes naturales, eficiencia energética e inteligencia artificial. Interpretan instalaciones complejas, toman decisiones críticas y garantizan la continuidad de servicios esenciales.
Estamos ante una profesión cada vez más inteligente.
Pero para hacerla atractiva no basta con incorporar tecnología. También debemos mejorar la forma en la que comunicamos nuestra actividad, dignificar el trabajo técnico, ofrecer oportunidades de desarrollo y construir carreras profesionales reconocibles dentro de las empresas.
Una persona puede incorporarse como técnico de campo y evolucionar hacia la coordinación de equipos, la dirección de proyectos, la ingeniería, la gestión energética, la formación o la dirección empresarial.
La refrigeración ofrece especialización, empleo estable y futuro. Nuestro reto es conseguir que la sociedad, los jóvenes y sus familias lo conozcan.
El relevo generacional no puede esperar
Muchas empresas están comprobando cómo una parte importante de sus profesionales más experimentados se aproxima a la jubilación.
Son personas que han adquirido durante años un conocimiento difícil de recoger en manuales. Saben interpretar el comportamiento de una instalación, identificar una avería a partir de pequeños indicios, anticipar riesgos y tomar decisiones en situaciones complejas.
Ese conocimiento tiene un valor incalculable.
Si no actuamos, una parte importante de la experiencia técnica acumulada durante décadas puede desaparecer con la salida de estos profesionales del mercado laboral.
El relevo generacional no consiste simplemente en sustituir a una persona por otra. Consiste en asegurar la continuidad del conocimiento, del criterio técnico, de los valores profesionales y de la cultura de responsabilidad que caracteriza a nuestro sector.
Y esta transición debe planificarse.
Las empresas debemos identificar qué conocimientos son críticos, quién los posee y cómo pueden transferirse a los nuevos profesionales. Pero para poder hacerlo también necesitamos recursos, estructuras formativas y políticas que faciliten la incorporación, el acompañamiento y la permanencia del talento.
La convivencia entre generaciones
En refrigeración, una parte esencial del aprendizaje se produce sobre el terreno.
La formación académica proporciona una base imprescindible, pero es la experiencia práctica la que permite comprender realmente una instalación. Cada central, cada cámara frigorífica, cada supermercado y cada proceso industrial presenta particularidades que exigen observación, criterio y capacidad de diagnóstico.
Por eso es fundamental que las nuevas generaciones puedan trabajar junto a profesionales experimentados.
La convivencia entre generaciones no debe percibirse como una dificultad, sino como una oportunidad estratégica.
Los técnicos veteranos aportan experiencia, conocimiento de las instalaciones, capacidad de diagnóstico y una cultura de responsabilidad construida durante años. Los jóvenes aportan competencias digitales, familiaridad con nuevas tecnologías, capacidad de adaptación y una mirada diferente sobre los procesos.
No se trata de enfrentar experiencia y tecnología. Se trata de unirlas.
El verdadero relevo técnico se produce cuando un profesional experimentado explica a otro por qué adopta una determinada decisión, cómo interpreta el comportamiento de una instalación o qué señales debe observar antes de intervenir.
Ese acompañamiento debe reconocerse y valorarse dentro de las empresas. Formar a quien llega no puede considerarse una actividad secundaria ni una carga adicional. Es una función estratégica para garantizar el futuro de la organización y del conjunto del sector.
Convertir la experiencia en conocimiento compartido
Durante demasiado tiempo, una parte del conocimiento técnico ha permanecido exclusivamente en la experiencia individual de determinados profesionales.
Necesitamos transformar ese conocimiento en patrimonio compartido.
Esto implica documentar procedimientos, registrar incidencias, analizar averías, crear protocolos, elaborar bases de conocimiento y utilizar herramientas digitales que faciliten el acceso a la información.
Sin embargo, debemos evitar pensar que toda la experiencia puede trasladarse a un programa informático.
La tecnología puede ayudarnos a ordenar, conservar y compartir información, pero la transmisión del criterio profesional requiere interacción humana. Requiere tiempo para explicar, observar, acompañar y corregir.
Las empresas deben impulsar modelos de mentoría, equipos intergeneracionales y programas internos de formación. Los profesionales experimentados deben sentir que transmitir su conocimiento forma parte de su aportación y que esta labor es reconocida.
Al mismo tiempo, quienes se incorporan deben comprender que aprender una profesión técnica exige compromiso, esfuerzo y respeto por la experiencia acumulada.
Una responsabilidad que corresponde a todos
La atracción de talento y el relevo generacional no son problemas que pueda resolver un único actor.
Las empresas tenemos la responsabilidad de ofrecer oportunidades, mejorar los procesos de incorporación, invertir en formación y crear entornos en los que las personas puedan desarrollar una carrera profesional.
Los empresarios debemos entender que formar, acompañar y retener talento no es únicamente un coste. Es una inversión imprescindible para garantizar la continuidad de nuestras organizaciones.
Las administraciones públicas deben facilitar marcos formativos ágiles, apoyar la Formación Profesional, simplificar los procesos de acreditación y escuchar las necesidades reales de las empresas. Las políticas de empleo y formación deben diseñarse con una visión sectorial, conectadas con la demanda existente y con la evolución tecnológica.
Los centros educativos deben aproximarse a la realidad del mercado laboral, actualizar contenidos y reforzar la colaboración con las empresas. Los jóvenes necesitan conocer instalaciones reales, herramientas actuales y las exigencias técnicas y de seguridad de nuestra actividad.
Los fabricantes y proveedores deben colaborar en la actualización de conocimientos, especialmente ante la rápida evolución de los equipos, los refrigerantes, la automatización y los sistemas de control.
Y las propias empresas usuarias deben reconocer el valor de la cualificación, la seguridad y el mantenimiento profesional. La calidad técnica tiene un coste, pero también evita riesgos, pérdidas de producto, consumos innecesarios y paradas de actividad.
Todos formamos parte del mismo ecosistema. Por ello, todos tenemos una responsabilidad en su continuidad.
Las asociaciones como vector de transformación
En este proceso, las asociaciones empresariales y profesionales desempeñamos un papel fundamental.
Nuestra función no puede limitarse a informar sobre la normativa o a organizar encuentros. Debemos actuar como vector de transformación, conectando a los distintos agentes y convirtiendo las necesidades individuales de las empresas en propuestas colectivas.
Las asociaciones son el espacio en el que empresas de diferentes tamaños, especialidades y territorios pueden compartir problemas, identificar soluciones y construir una visión común.
También debemos servir de puente entre las empresas y la Administración, trasladando la realidad de quienes trabajan sobre el terreno y contribuyendo a que las políticas públicas sean aplicables, eficaces y acordes con las necesidades del mercado.
Tenemos, además, la responsabilidad de acercar el sector a los centros educativos, promover la Formación Profesional, fomentar programas de mentoría, visibilizar referentes y comunicar a la sociedad el valor de nuestras profesiones.
Las asociaciones podemos ayudar a crear un lenguaje común entre generaciones, empresas, centros de formación y administraciones. Podemos identificar buenas prácticas, compartir herramientas y facilitar que el conocimiento no quede aislado dentro de cada organización.
En un sector compuesto mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, esta función resulta especialmente necesaria. No todas las compañías pueden afrontar individualmente programas complejos de formación, captación o transferencia de conocimiento. La colaboración asociativa permite sumar capacidades, compartir recursos y avanzar de forma coordinada.
Un sector fuerte no se construye desde el aislamiento. Se construye desde la cooperación.
Y un sector dinámico es aquel que sabe conservar su experiencia, incorporar nuevas capacidades y evolucionar sin perder su identidad técnica.
Atraer, pero también retener
Con frecuencia hablamos de atraer jóvenes a la refrigeración, pero el desafío no termina con su incorporación.
También debemos conseguir que quieran permanecer.
Para ello necesitan formación continua, acompañamiento, reconocimiento, estabilidad y posibilidades reales de progresión. Deben entender qué se espera de ellos, qué recorrido profesional pueden desarrollar y cómo se reconoce el esfuerzo necesario para adquirir una alta cualificación técnica.
Debemos revisar también la organización del trabajo, mejorar la planificación, utilizar la tecnología para reducir tareas repetitivas y evitar que la urgencia permanente se convierta en la única imagen de nuestra profesión.
Hacer más atractiva la refrigeración significa explicar mejor lo que hacemos, pero también mejorar la experiencia profesional de quienes ya forman parte de ella.
La tecnología al servicio de las personas
La inteligencia artificial y la digitalización han ocupado un espacio relevante en los encuentros sectoriales de este año.
Son herramientas que pueden mejorar enormemente la gestión de las instalaciones. Permiten detectar anomalías, anticipar averías, controlar consumos, optimizar rutas y facilitar el acceso a información técnica.
Pero la inteligencia de una instalación no depende únicamente de sus algoritmos.
Depende también de la inteligencia práctica de quienes la diseñan, la instalan y la mantienen.
Un sistema puede identificar una desviación, pero hace falta un profesional capaz de interpretar su causa. Puede sugerir una intervención, pero alguien debe valorar sus implicaciones, la seguridad y el impacto sobre el conjunto de la instalación.
La tecnología debe ayudarnos también a transferir conocimiento. Puede facilitar que un técnico joven acceda al histórico de una instalación, consulte procedimientos, reciba apoyo remoto o comparta información con un profesional experimentado.
Así, la digitalización puede convertirse en una aliada del relevo generacional.
La profesión del futuro será más digital, pero seguirá necesitando criterio técnico, capacidad de diagnóstico, responsabilidad y experiencia.
Del encuentro a la acción
Los encuentros celebrados este año nos han permitido hablar de tecnología, regulación, eficiencia energética y sostenibilidad.
Pero todos estos debates conducen a una misma conclusión: el futuro de la refrigeración dependerá de nuestra capacidad para cuidar, formar y conectar a las personas.
No basta con diagnosticar la falta de profesionales. Debemos actuar.
Las empresas, formando y ofreciendo oportunidades. Las administraciones, facilitando políticas y recursos. Los centros educativos, acercando la formación a la realidad empresarial. Los profesionales experimentados, compartiendo su conocimiento. Los jóvenes, incorporando nuevas capacidades y asumiendo el compromiso que exige una profesión técnica.
Y las asociaciones, creando los espacios de encuentro y cooperación que permitan convertir todos esos esfuerzos en una estrategia común.
El cambio no llegará únicamente de la mano de una nueva normativa o de una nueva tecnología.
Llegará cuando seamos capaces de unir la experiencia de quienes llevan décadas construyendo el sector con el talento, la formación y las capacidades de quienes comienzan ahora.
Ese es el verdadero relevo generacional.
Una responsabilidad de todos y una oportunidad para construir, juntos, un sector de la refrigeración más fuerte, más dinámico, más inteligente y sostenible en el tiempo.
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