¿Qué hace que una vivienda sea realmente habitable? Las decisiones arquitectónicas que condicionan nuestro bienestar
- Escrito por Paula Serrano CALORYFRIO
Con motivo del Día Mundial de la Arquitectura, que se celebra este año bajo el lema oficial Housing is a Human Right. Build It., vinculado al Día Mundial del Hábitat, es obligado parar a reflexionar sobre una realidad urgente. El acceso a una vivienda digna no debe ser un privilegio ni debe estar condicionado por la especulación en el mercado inmobiliario. El acceso a la vivienda, como bien dice el lema de la UIA (Unión Internacional de Arquitectos), debe ser un derecho humano fundamental. Sin embargo, el simple hecho de disponer de un espacio construido bajo un techo no garantiza, en absoluto, el bienestar de quienes lo habitan.
Como profesionales de la arquitectura, afrontamos el reto de recordar que la habitabilidad va mucho más allá del estricto cumplimiento de la normativa técnica. La crisis global de la vivienda nos exige posicionarnos apostando por propuestas arquitectónicas que combinen soluciones sostenibles y asequibles, que incluyan la reutilización del parque edificado existente y, por encima de todo, el confort físico y psicológico de las personas.
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- La habitabilidad como derecho y sinónimo de bienestar
- Decisiones de proyecto que condicionan la habitabilidad
- Orientación y soleamiento
- Luz natural y calidad del aire interior
- El confort acústico
- Distribución, flexibilidad y accesibilidad universal
- Espacios exteriores: el balcón, la terraza y el contacto con lo colectivo
- La materialidad: materiales sostenibles respetuosos con la salud de las personas
- Construcción offsite para una vivienda digna, asequible y de calidad
- Resiliencia para la adaptación a los efectos del cambio climático
- Ejemplos inspiradores en los que la arquitectura social responde al derecho a la vivienda
- Conclusiones
La habitabilidad como derecho y sinónimo de bienestar
Con frecuencia se confunde el derecho a la vivienda con la simple posesión de un espacio físico delimitado por cerramientos. Y no debería ser así. Desde un punto de vista técnico y social, una vivienda inadecuada, oscura, mal ventilada o térmicamente deficiente condena a sus usuarios a la precariedad.
Por ello entendemos que el espacio doméstico tiene que ser entendido como el hogar, nuestro cobijo, nuestra protección del exterior y, por lo tanto, que debe ser un lugar que garantice o promueva nuestra salud física y mental.
En este sentido, la arquitectura contemporánea puede dar respuesta a las necesidades reales de la sociedad actual. No basta con construir viviendas de cualquier manera y sin criterio. Es requisito construir con rigor, adaptando cada proyecto al clima, al contexto urbano y a la escala de las personas que habitarán las viviendas, es decir, a la escala humana.
Decisiones de proyecto que condicionan la habitabilidad
Convertir un espacio físico en un hogar adecuado requiere la consideración de diferentes factores de forma simultánea. A continuación, analizamos las claves que convierten una vivienda en un espacio realmente habitable.
Orientación y soleamiento
La primera decisión que toma un arquitecto es la implantación del edificio en el lugar. Para ello se debe tener en cuenta la orientación, la radiación solar durante el día y durante el año, los vientos dominantes, la presencia de masas de agua o de árboles, los edificios colindantes, etc. Esta es la estrategia bioclimática más eficaz y económica de la que disponemos.
Una correcta orientación a sur (en el hemisferio norte) optimiza la captación térmica pasiva durante los meses de invierno, reduciendo así el consumo energético de calefacción. Por otro lado, el diseño de sistemas de protección solar adecuados, como voladizos, porches, lamas horizontales o verticales según orientación, permite reducir o eliminar el sobrecalentamiento en verano. Un factor crítico este último ante las recurrentes olas de calor asociadas al cambio climático.
En el caso de la rehabilitación de edificios existentes, la implantación ya viene impuesta; sin embargo, se pueden tener en cuenta igualmente estas estrategias, reconfigurando la distribución interior de la vivienda y adaptando o transformando su envolvente térmica en función de las orientaciones.
Luz natural y calidad del aire interior
Una envolvente estanca y aislada térmicamente es fundamental para la eficiencia energética y el confort interior. Sin embargo, esta condición debe estar acompañada de una adecuada renovación del aire interior; de lo contrario, se convierte en una trampa para la salud.
La acumulación de CO2 en el interior de la vivienda, además de otros contaminantes como los compuestos orgánicos volátiles (COVs) y la humedad, por una inadecuada ventilación del espacio interior de la vivienda, es causa de malestar, presencia de humedades, moho y afecciones respiratorias. La ventilación de una vivienda es un criterio de higiene fundamental que debe estar asegurado en toda vivienda para garantizar su habitabilidad, tal y como recoge la normativa de calidad del aire interior.
La ventilación natural debe contemplarse en las fases iniciales de cada proyecto. Sin embargo, cuando las condiciones acústicas del entorno, la contaminación en zonas urbanas o las condiciones climáticas del exterior lo impiden, los sistemas de ventilación mecánica controlada con recuperación de calor se convierten en la solución técnica indispensable para garantizar un aire interior limpio que, además, no derrocha energía.
El confort acústico
El ruido es una de las formas de contaminación invisible y de las más lesivas para la salud, fundamentalmente en entornos urbanos densamente edificados. Una distribución inteligente de las viviendas (por ejemplo, agrupando zonas húmedas y de servicio como pantallas acústicas entre los núcleos de escalera y ascensores y el resto de la vivienda), un correcto aislamiento acústico de las fachadas, medianeras, paredes y forjados que separan viviendas, y una correcta ejecución de las uniones entre los elementos constructivos garantizan el descanso y la intimidad de las personas que las habitan. Elementos indispensables en una vivienda digna.
Distribución, flexibilidad y accesibilidad universal
Las formas de habitar cambian con el paso de los años. La rigidez de los antiguos esquemas de distribución en viviendas compartimentadas da paso a plantas flexibles y polivalentes que permiten adaptar el hogar a lo largo del ciclo de vida de sus ocupantes, respondiendo con facilidad al nacimiento de hijos, al teletrabajo y a las necesidades de la vejez. La flexibilidad permite proyectar estancias de dimensiones generosas pero proporcionadas, que no impongan una función predeterminada. Un ejemplo de ello son las habitaciones comunicantes o la modulación de espacios diáfanos con tabiques móviles, paneles correderos o cerramientos ligeros.
Del mismo modo, la accesibilidad universal no debe ser una exigencia normativa que se añade para las personas con movilidad reducida. La accesibilidad en la vivienda debe ser una condición universal que beneficia a la infancia, a la vejez y a cualquier persona que pase por una limitación temporal. Proyectar sin pasillos o con pasillos de dimensiones holgadas, puertas adaptadas, espacios en un solo nivel sin escalones y baños accesibles hace que una vivienda sea verdaderamente inclusiva.
Espacios exteriores: el balcón, la terraza y el contacto con lo colectivo
La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 en 2020 puso el foco en la necesidad de disponer de un espacio exterior digno en cada vivienda. Una carencia histórica en gran parte del parque edificado. Un balcón, una terraza o una galería son espacios indispensables, que conectan el interior doméstico con el exterior, permitiendo el contacto con el aire libre, la luz directa y también, por qué no, la socialización vecinal.
La materialidad: materiales sostenibles respetuosos con la salud de las personas
La adecuada selección de los materiales de construcción es una decisión proyectual crítica que determina la huella ambiental del edificio y la salud de quienes lo habitan.
Tradicionalmente, la industria de la construcción ha priorizado el uso de materiales cuya fabricación y ciclo de vida generan un elevado impacto ecológico y pueden liberar sustancias nocivas en los espacios interiores donde se instalan. Algunos ejemplos de estos materiales son las pinturas plásticas convencionales y los revestimientos sintéticos que liberan COVs; las espumas de poliuretano y poliestireno derivadas del petróleo y con elevada huella de carbono; y los adhesivos, selladores de silicona y resinas epoxídicas que contienen plastificantes que se volatilizan con el tiempo y tienden a acumularse en espacios cerrados.
Frente a este modelo, la arquitectura contemporánea debe apostar por la prescripción de materiales naturales, de bajo contenido en carbono, de proximidad y circulares.
- Materiales naturales y de bajo contenido en carbono. El uso de materias primas procedentes de fuentes renovables y con escasa transformación industrial, como la madera certificada, el corcho, la tierra compactada o las fibras vegetales, reduce drásticamente las emisiones asociadas a los materiales de construcción. Desde el punto de vista de la habitabilidad, estos materiales transpirables regulan de manera pasiva la humedad ambiental y evitan la emisión de compuestos orgánicos volátiles perjudiciales para la salud de las personas.
- Materiales regionales, de kilómetro cero. Apostar por recursos locales fomenta la economía de proximidad, reduce la huella de carbono asociada al transporte y garantiza una respuesta arquitectónica coherente con el clima y la tradición constructiva del entorno.
- Materiales circulares. El diseño orientado a la circularidad prioriza elementos reutilizables, reciclables y desmontables mediante conexiones secas, facilitando que los componentes de la vivienda puedan retornar al ciclo productivo al final de su vida útil, reduciendo así la generación de residuos.
Construcción offsite para una vivienda digna, asequible y de calidad
La industrialización de la construcción de edificios a través de la construcción offsite se ha consolidado como la palanca de cambio fundamental para transformar el sector residencial y garantizar el acceso a una vivienda digna, asequible y de calidad, como plantea el PERTE de la industrialización de la vivienda. Al trasladar la ejecución de gran parte de los componentes arquitectónicos a un entorno de fábrica controlado, se logra un control de la ejecución y de los tiempos que la obra tradicional difícilmente puede alcanzar.
Este salto tecnológico aporta beneficios directos sobre la habitabilidad y el bienestar. El control riguroso de la ejecución, gracias a la industrialización, minimiza los errores de puesta en obra, asegurando una ejecución de calidad que garantiza el confort interior. Con la reducción de los plazos de ejecución en el emplazamiento, se reducen notablemente las molestias a los vecinos del entorno. También se reduce la generación de residuos en el sitio y la huella de carbono asociada al proceso constructivo. Por último, la estandarización de procesos permite abaratar costes de producción, facilitando el desarrollo de promociones de vivienda pública y social asequibles y eficientes, que cumplen los estándares de confort contemporáneos.
Algunos ejemplos de construcción offsite son:
- Light Wood Framing. Es un sistema basado en un esqueleto estructural de montantes y travesaños de madera de pequeño formato, separados cada 40 o 60 cm, que se cierran con tableros derivados de la madera. En su interior aloja aislamiento e instalaciones. Tiene una gran precisión modular.
- Cross-Laminated Timber o CLT. Es un sistema de madera masiva compuesto por paneles formados por capas de tablas de madera encoladas y cruzadas, que aportan una enorme resistencia estructural y rigidez para construir paredes y forjados de gran formato con un excelente comportamiento estético e ignífugo.
- Steel Framing. Permite la prefabricación rápida de muros portantes mediante sistemas de perfiles metálicos ligeros ensamblados en seco mediante tornillería.
- Paneles 2D. Básicamente son elementos planos de hormigón prefabricado de fachada, forjados o tabiquería estructural producidos en serie en la fábrica y que se montan en el solar con gran rapidez.
- Módulos 3D. Consisten en celdas espaciales completas fabricadas íntegramente en taller, que incluyen estructura, cerramientos, instalaciones y acabados, y que se transportan a la obra para su ensamblaje directo. Pueden ir desde un baño o una cocina modular hasta una vivienda modular completa.
Resiliencia para la adaptación a los efectos del cambio climático
La resiliencia en la arquitectura residencial es la capacidad de los edificios para resistir, adaptarse y recuperarse con rapidez ante eventos climáticos extremos y situaciones de alerta como olas de calor extremo, inundaciones o cortes de suministro.
Frente a los modelos estáticos tradicionales, un edificio resiliente anticipa los escenarios del cambio climático, combinando estrategias pasivas que evitan la dependencia absoluta de los sistemas mecánicos de climatización (elevada inercia térmica, protección solar, fachadas ventiladas), estrategias de diseño hidrológico y de adaptación al entorno (elevación de la cota de acceso, uso de pavimentos drenantes, sistemas de drenaje sostenible SUDS) y estrategias de flexibilidad e independencia energética (autoconsumo fotovoltaico con almacenamiento, captación y reutilización de aguas pluviales), que garanticen la protección de sus habitantes y la continuidad de los suministros ante cualquier imprevisto.
Ejemplos inspiradores en los que la arquitectura social responde al derecho a la vivienda
Para comprobar que otra manera de construir y rehabilitar es posible, vale la pena mirar aquellos proyectos que han integrado decisiones que dan forma a esta dimensión social y técnica de la arquitectura. Estos son algunos ejemplos construidos en España.
Alojamientos de Proximidad Provisional (APROP) en Barcelona
Impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona, este innovador proyecto de vivienda pública utiliza contenedores marítimos reciclados para dar respuesta habitacional urgente a personas en riesgo de exclusión social afectadas por la gentrificación, el desahucio o la pobreza. El objetivo consiste en proporcionar espacios habitables de uso temporal en solares hasta entonces inutilizados. Y para ello se utilizan los contenedores marítimos acumulados en el Port de Barcelona, que posteriormente se deben adaptar y acondicionar para garantizar las condiciones de seguridad, funcionalidad y habitabilidad exigidas reglamentariamente: estabilidad estructural, aislamiento térmico, instalaciones, seguridad contra incendios, iluminación, accesibilidad, acabados, etc.
Los edificios priorizan la eficiencia energética mediante envolventes altamente aisladas, ventilación cruzada óptima y una integración armónica en los vacíos urbanos de los barrios. Disponen de zonas de gestión y espacios comunes. Su construcción es muy rápida, lo que acorta drásticamente los plazos desde la idea inicial hasta la entrega de llaves, que pueden ser de un año aproximadamente.
Edificio municipal de 85 viviendas sociales en Cornellà de Llobregat, por Peris+Toral Arquitectes
Se trata de un referente europeo de arquitectura residencial colectiva construido en madera que pone el foco en la eficiencia energética, la flexibilidad y la reducción de la huella de carbono. La planta del edificio, que cuenta con un gran patio central de uso comunitario, se organiza a partir de una crujía ortogonal de espacios diáfanos y comunicados uno a continuación del otro, donde desaparecen los pasillos tradicionales. Los arquitectos denominan a estos espacios habitaciones comunicantes. En este tipo de distribución del espacio se fomenta la circulación fluida, la ventilación cruzada y la doble orientación en todas las viviendas. Además, cada piso cuenta con terrazas corridas que actúan como colchón bioclimático.
Regeneración urbana y eficiencia energética en el barrio de La Milagrosa en Pamplona
Como ejemplo de intervención sobre el parque edificado existente y de resiliencia urbana, los proyectos de rehabilitación integral desarrollados en el barrio de La Milagrosa en Pamplona abordan la renovación de bloques residenciales obsoletos mediante la prefabricación.
Las actuaciones combinan la aplicación de soluciones SATE de aislamiento exterior, carpinterías de altas prestaciones y la incorporación de galerías bioclimáticas adosadas a las fachadas. Estas galerías actúan como colchón térmico pasivo en invierno, capturando energía solar gratuita, y como espacios de descompresión con ventilación natural regulable en verano, mejorando de manera radical la habitabilidad interior y la resiliencia climática del conjunto construido. La accesibilidad se resuelve mediante la adición de nuevos núcleos de comunicación exterior.
Para lograr esta transformación con una mínima intrusión en el día a día de los vecinos y optimizar los plazos de ejecución en el entorno urbano consolidado, se recurre a elementos constructivos prefabricados en seco. Entre ellos destacan los paneles bidimensionales prefabricados para el aislamiento exterior del sistema SATE, las estructuras portantes metálicas modulares para los nuevos castilletes de ascensores y pasarelas de acceso, y los módulos prefabricados ligeros que conforman las galerías bioclimáticas y los cerramientos acristalados de fachada, permitiendo un montaje rápido, preciso y de alta calidad técnica.
43 viviendas públicas de alquiler en Ibiza, por Peris+Toral Arquitectes
Este proyecto destaca por su firme apuesta por la materialidad local, el confort bioclimático y la adaptación rigurosa al clima mediterráneo insular. Los arquitectos proyectaron las viviendas empleando bloques de tierra comprimida y materiales de proximidad de bajo impacto ambiental, reduciendo así la huella de carbono asociada al transporte. Además, la estrategia de diseño prioriza la inercia térmica de los muros combinada con la adecuada orientación y los patios interiores de ventilación cruzada, logrando un control pasivo de la radiación solar y garantizando temperaturas estables y confortables sin depender de sistemas mecánicos intensivos. En el interior, los espacios se organizan mediante una secuencia de habitaciones comunicantes que favorecen la ventilación cruzada y también la flexibilidad en el uso del espacio, utilizando para ello puertas de gran formato.
Este proyecto demuestra cómo adaptar la arquitectura al lugar, huyendo de soluciones estandarizadas ineficientes, cómo reducir la huella de carbono y cómo integrar estrategias pasivas para una vivienda habitable.
Conclusiones
El lema de la UIA para este año 2026 nos recuerda que la arquitectura tiene una responsabilidad social. Como arquitectas y arquitectos, nuestro compromiso pasa por proyectar viviendas que cuiden la salud de las personas, que sean compatibles con el clima, que aprovechen con inteligencia lo que ya está construido y que garanticen que el derecho a una vivienda adecuada deje de ser una aspiración inaccesible para convertirse en una realidad cotidiana. Al fin y al cabo, la calidad de nuestra arquitectura mide la calidad de nuestra sociedad y de nuestro bienestar.
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