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¿Qué es la Calidad del Aire Interior (CAI)?

¿Qué es la Calidad del Aire Interior (CAI)?Las personas que vivimos en entornos urbanos, por lo general, ocupamos una gran parte de nuestro tiempo en el desarrollo de actividades que se dan en espacios interiores. Ya sea en nuestra vivienda, en el lugar de trabajo e incluso en centros docentes y edificios de uso público, se estima que entre 14 y 21 horas al día en total. Demasiado tiempo como para obviar la calidad del aire que respiramos. Pero, ¿de qué depende la calidad del aire interior? ¿Cuál es el origen de una mala calidad del aire? ¿Qué consecuencias tiene una mala calidad del aire? y sobre todo ¿cómo se mide la calidad del aire interior en casa? Son preguntas que nos planteamos.

Parece ser que es complicado evaluar la calidad del aire interiorEn un entorno industrial o en el ambiente exterior, es evidente que la calidad del aire depende de la contaminación que proviene de diferentes fuentes. Procesos industriales, quema de combustibles, emisiones asociadas a los vehículos, productos químicos de mayor o menor toxicidad, etc.. En lo que respecta a los espacios interiores, la cosa cambia. Primero porque el número de fuentes contaminantes es amplio, variable y depende de diferentes factores. Segundo porque los niveles de concentración de dichas fuentes suelen ser generalmente bajos, aunque prolongados en el tiempo, a menos que exista una fuente clara e importante de contaminación. Y tercero, porque existen pocos métodos analíticos para estimar la calidad del aire interior, así como de valores límite de concentración de contaminantes e información en relación al grado de exposición y su efecto en la salud.

Fuentes de contaminación que influyen en la calidad del aire interior

En general, se puede hablar de mala calidad del aire interior, cuando éste es percibido por el usuario como irritante, enrarecido, viciado y por lo tanto, molesto. Y esta percepción se debe generalmente a un conjunto de factores. En primer lugar la presencia en el interior de diferentes fuentes de contaminación, acompañadas de determinadas condiciones de humedad y temperatura. También es consecuencia de una deficiente ventilación e insuficiente mantenimiento de la instalación asociada, así como de la entrada de aire fresco insuficiente y ya contaminado.

Si centramos nuestra atención en las fuentes de contaminación, éstas tienen su origen por un lado, en las actividades que los usuarios desarrollan en dichos espacios. Actividades como dormir, la propia respiración y el metabolismo de las personas generan emisiones de CO2 y vapor de agua. Contaminantes que se multiplican además cuando la concentración de personas en relación al tamaño del espacio interior, es elevada. También las actividades de higiene, como ducharse o bañarse, el secado de la ropa o cocinar, aumentan la humedad relativa en los espacios interiores y añaden contaminantes al ambiente interior. E incluso la presencia de personas enfermas o de animales domésticos.

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Otras fuentes de contaminación están relacionadas con el hábito de fumar o utilizar productos que generen emisiones tóxicas incluso con olores fuertes como los productos de limpieza o desinfectantes entre otros. También el uso de aparatos de combustión, como estufas o motores no eléctricos, añade contaminantes que reducen la calidad del aire interior. Determinados materiales de construcción, como son las pinturas y los revestimientos, adhesivos y sellantes, maderas compuestas o aislamientos entre otros, que generan principalmente compuestos orgánicos volátiles (COVs). Y a esta lista se unen también los formaldehidos, presentes en una gran cantidad de objetos cotidianos y el gas radón, los cuales se puede afirmar que se asocian exclusivamente a los ambientes interiores.

Tampoco podemos obviar las fuentes de contaminación de origen biológico asociadas generalmente a un incorrecto diseño y/o mantenimiento de las instalaciones de climatización (humidificadores, torres de refrigeración, aire recirculado, etc.) y la contaminación procedente del exterior. En este último caso, ya sea porque el aire exterior está ya bastante contaminado, o simplemente porque se han ubicado de forma incorrecta las entradas y salidas del aire del sistema de ventilación del edificio.

Como consecuencia de todo lo anterior, se generan virus, ácaros, bacterias, emisiones, partículas, etc., que se incorporan al aire interior disminuyendo por lo tanto su calidad. Cualquiera de dichos agentes es causa de molestias e incluso enfermedades en los ocupantes de dichos espacios interiores. Por ejemplo el moho, que se produce en espacios con humedad relativa alta, fríos y poco ventilados, causa reacciones alérgicas e incluso asma, además de infecciones e irritación en ojos, piel y vías respiratorias. O las emisiones de COVs que se asocia a problemas respiratorios, irritación, mareos, dificultad de concentración e irritabilidad, e incluso a largo plazo, daños renales, en el hígado o en el sistema nervioso central e incluso cáncer. 

¿Cómo se mide la calidad del aire en casa?

A continuación haremos un pequeño repaso a las formas de medición que existe para la Calidad del Aire Interior (CAI).

A través del grado de satisfacción del usuario

Parece ser que para medir la calidad del aire interior no basta con conocer su composición. Además es necesario evaluar a través del usuario su grado de satisfacción respecto del aire que respira. Y dicha evaluación se determina a través del olfato y si le produce molestias. En relación a este aspecto, se estima que el ser humano es sensible a los efectos de cerca de medio millón de compuestos químicos.

Así pues, si la mayoría de los usuarios están satisfechos con la calidad del aire que respiran, se entiende que la calidad del aire interior es buena. Si por el contrario, existe un porcentaje de usuarios insatisfechos, entonces la calidad del aire es mala. De hecho se habla de Síndrome del Edificio Enfermo cuando más del 20% de los usuarios están insatisfechos por la mala calidad del aire que perciben y las molestias que genera. Por lo tanto, la realización de encuestas de satisfacción de los usuarios puede ser un método eficaz para medir la calidad del aire.

Lectura directa, toma de muestras y procedimientos analíticos

El extremo opuesto a la realización de encuestas o la realización de inspecciones más sencillas, consiste en una evaluación mediante toma de muestras y su posterior análisis o la aplicación de métodos de  lectura directa. Las ventajas de estos métodos son un menor coste y una mayor rapidez y eficacia, frente a otros métodos más tradicionales. Sin embargo requiere de personal competente, con experiencia y el uso de equipos y aparatos específicos.

La lectura directa permite determinar la concentración aproximada de contaminantes presentes en el aire interior, a la vez que se toma la muestra. Es un método rápido, que proporciona datos precisos a bajo coste. Para este método se puede utilizar tubos colorímétricos y monitores específicos.

En el caso de la toma de muestras para su posterior análisis, y según la técnica empleada, el método se clasifica en activo o pasivo. En el método activo, el contaminante se capta haciendo pasar el aire a través de un soporte que lo atrapa. Para ello se utilizan filtros, sólidos absorbentes y soluciones absorbentes o impregnadas en material poroso. Como alternativa, el muestreo activo se realiza mediante la toma directa de aire en un contenedor inerte, impermeable y hermético. En cambio, en el método pasivo el contaminante es captado por difusión o permeación sobre una base, la cual puede ser un adsorbente sólido, ya sea impregnado con un reactivo específico o solo. Es un sistema más sencillo que el anterior aunque tiene sus limitaciones.

El procedimiento analítico consiste en una adaptación de los métodos utilizados para evaluar el aire exterior y el aire en un entorno industrial. Con esta metodología se obtiene un perfil de contaminación, el cual sugiere un nivel de contaminación interior durante el tiempo de muestreo. Dicho nivel de contaminación se obtiene en comparación con el aire limpio, el aire del exterior o con otros espacios interiores. Para llevar a cabo este procedimiento se utilizan monitores de lectura directa.

La contaminación de origen microbiano

De los métodos expuestos en este apartado para la medición de la calidad del aire interior, todos ellos se emplean en relación a la contaminación por agentes químicos. Por lo tanto, estamos hablando de contaminantes como el monóxido de carbono, el ozono, el dióxido de azufre y de nitrógeno, los formaldehidos, los COVs, plaguicidas y partículas en suspensión.

Sin embargo, los contaminantes que reducen la calidad del aire interior y que causan problemas de salud entre sus ocupantes también pueden ser de origen biológico. Estamos hablando de polen, detritus, ácaros, insectos, virus, bacterias, hongos, protozoos y compuestos orgánicos volátiles microbianos que requieren de su propio método de medición y análisis. En este caso, casualmente el estado microbiano del aire interior reflejará el estado del aire exterior. Por lo tanto se deberá de identificar los organismos y comparar ambos escenarios. 

Qué normativa regula la calidad del aire interior

En España el Código Técnico de la Edificación (CTE) regula, a través de la Sección 3 del Documento Básico de Salubridad, la calidad del aire interior en viviendas, en almacenes de residuos y trasteros en edificios de viviendas, y en aparcamientos y garajes en edificios de cualquier uso. Para el resto de usos es necesario consultar el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE).

El CTE, para garantizar la calidad del aire interior, caracteriza y cuantifica unas exigencias mínimas. Dichas exigencias consisten en el cumplimiento de unos valores mínimos  de caudal de renovación del aire, en función del uso del edificio, así como unas condiciones generales de diseño, dimensionado y construcción para los sistemas de ventilación.

Además con la última modificación del CTE y su publicación el pasado 28 de diciembre de 2019, el Documento Básico de Salubridad incorpora una sexta y nueva sección para la Protección frente a la exposición al radón. Su aplicación es de obligado cumplimiento en edificios situados en términos municipales incluidos en el listado del apéndice B de este documento, independientemente del uso del edificio.

El RITE en cambio regula en la calidad del aire interior en relación a las instalaciones térmicas, su diseño y cálculo, ejecución, mantenimiento y uso, en su artículo 11. Bienestar e higiene, apartado 2 en el que indica que las instalaciones térmicas permitirán mantener los parámetros que definen el ambiente interior aceptable, en los locales ocupados por las personas, eliminando los contaminantes que se produzcan de forma habitual durante el uso normal de los mismos, aportando un caudal suficiente del aire exterior y garantizando la extracción y expulsión del aire viciado.

Por último el Reglamento establece unas exigencias en relación a la calidad del aire interior y para ello establece unas categorías de calidad del aire interior (IDA) a satisfacer en función del uso del edificio:

  • IDA 1, aire de óptima calidad, para hospitales, clínicas, laboratorios y guarderías.
  • IDA 2, aire de buena calidad, para oficinas, residencias, salas de lectura, museos, salas de tribunales, aulas de enseñanza y asimilables y piscinas.
  • IDA 3, aire de calidad media, en edificios comerciales, cines, teatros, salones de actos, habitaciones de hoteles y similares, restaurantes, cafeterías, bares, salas de fiestas, gimnasios, locales para el deporte y salas de ordenadores.
  • IDA 4, aire de calidad baja.

En función de esta clasificación y en relación a los diferentes métodos que propone el Reglamento, se establecen unos caudales de aire exterior para su cumplimiento.

La norma también contempla el uso de filtros del aire exterior, y regula también el aire de extracción que también clasifica.

Conclusión

Como resumen a todo lo expuesto, podemos decir que en un ambiente interior no industrial la calidad del aire interior dependerá de la exposición a diferentes fuentes de contaminación, del grado de ventilación de dicho espacio para diluir dichos contaminantes y sobre todo de cómo dicha calidad del aire afecta a los ocupantes de dicho espacio, o más bien, de cómo la perciben a través de los sentidos y de las molestias que les pueda ocasionar.

En este sentido la normativa correspondiente debe regular de la manera más eficaz para garantizar a través de sus exigencias de diseño, dimensionado y ejecución que la calidad del aire interior es la más adecuada para cada edificio en función del uso del mismo y su localización.

Para la redacción de este artículo se ha tomado como fuente la normativa a la que se hace referencia y también el documento Capítulo 44. Calidad del aire interior de la Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo. En dicho documento, publicado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, llama la atención lo siguientes párrafos que a continuación se transcriben para vuestra reflexión:

Existe otro punto de vista que considera a las personas como única fuente de contaminación del aire interior. Y no sería equivocado si estuviéramos tratando con materiales de construcción, muebles y sistemas de ventilación como los utilizados hace 50 años, cuando predominaban el ladrillo, la madera y el acero. Ahora bien, con los materiales modernos la situación ha cambiado. Todos los materiales generan contaminación, unos en pequeña y otros en gran cantidad, y juntos contribuyen al deterioro de la calidad del aire interior.

La calidad del aire interior, incluida la de las viviendas, se ha convertido en un problema de salud ambiental, como el control de la calidad del aire en el exterior o la exposición en el trabajo (…) Es un asunto que comenzó a preocupar a partir de 1973 cuando, debido a la crisis energética, los esfuerzos dirigidos a la conservación de energía se concentraron en la reducción de la entrada del aire exterior a los espacios interiores en la mayor medida posible, con el fin de disminuir los costes de calefacción y refrigeración de los edificios. Aunque no todos los problemas relacionados con la calidad del aire interior son consecuencia de medidas en materia de ahorro de energía, es evidente que conforme fue generalizándose ese principio, comenzaron a aumentar las quejas sobre la calidad del aire interior y a surgir todos los problemas.

Ambos textos pertenecen al apartado Calidad del aire interior: introducción, cuyo autor es  Xavier Guardino Solá, del Capítulo 44 citado.

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Modificado por última vez enLunes, 22 Junio 2020 13:08
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